Por: Hernán Peláez Restrepo

Ejemplo

Siempre estamos pendientes de las ejecutorias de nuestros jugadores en el exterior. Si juegan o no en sus equipos y hacen méritos para estar en la selección de mayores. Pero mucho más ciertos sectores del periodismo, en cuanto a su vida privada, porque los malos comportamientos y sus escándalos “alimentan” el morbo y llenan páginas y horas radiales.

Por eso esta vez quiero resaltar el respeto y la admiración que ganó Iván Ramiro Córdoba en Italia, y muy especialmente en Milán, ciudad de la cual vive cerca, en Como, famosa por el lago y la tranquilidad de sus gentes.

Admiración porque quienes lo reconocen le piden fotos y autógrafos. Jugó en pocos equipos: Rionegro, Nacional, San Lorenzo e Internazionale, donde permaneció durante 13 años, llegando a ser subcapitán, porque el capitán en esos días era Javier Zanetti.

Córdoba ganó numerosos títulos. Cuatro Copas de Italia, cuatro Supercopas italianas y cinco campeonatos de Liga, además de una Champions. Vistió la camiseta del Inter en 455 partidos y en total su extensa campaña fue de 730 juegos oficiales. Fue el autor del gol que nos dio la Copa América del 2001, ante México. Estuvo en un Mundial, eliminatorias y cuatro Copas América.

Pero lo más interesante es su intachable proceder en la vida social y de hogar. Sostiene una fundación que presentó al papa en la que atiende a 150 niños de bajos recursos. Esto lo hace en silencio. Así como condenamos a deportistas que nos hacen quedar mal, es el momento de reconocer a alguien como Iván Ramiro Córdoba, que alimenta nuestro orgullo de colombianos y nos hace quedar muy bien.

 

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