Por: Daniel García-Peña

El 9 de abril, la Nacional y el memoricidio

El próximo lunes se cumplen 70 años de ese primer trágico 9 de abril, en el que asesinaron a Jorge Eliécer Gaitán, fecha que la Ley 1448 de 2011 declaró Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las víctimas del conflicto armado.

Otro 9 de abril, en plena época de Uribe, acompañé a mi esposa, nieta de Gaitán, a ponerle flores a la tumba de su abuelo. Pese a que el predio estaba cerrado al público y les tenían prohibida la entrada a ella y a su familia, logré persuadir a los vigilantes para que nos dejaran ingresar. Al acercarnos, encontramos el lugar totalmente descuidado, cubierto de pasto sin cortar, cuando un perro callejero se arrimó, se puso justo encima y empezó a cagar sobre el sepulcro del líder político más importante del siglo XX en Colombia.

Sentí que se cometía un terrible atropello a la familia Gaitán, pero sobre todo al pueblo colombiano. En cualquier otro país del mundo, la tumba de un personaje de la talla de Gaitán sería un verdadero monumento nacional.

Al puro comienzo del primer gobierno de Uribe, se liquidó la entidad dedicada a preservar la obra de Gaitán, cumpliendo con la recomendación de “enterrar la memoria de Gaitán” que había hecho el entonces Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, hoy prófugo de la justicia colombiana. Los terrenos -donde se encuentra la tumba, la Casa Museo y el Exploratorio- fueron entregados a la Universidad Nacional de Colombia, cuya rectoría de aquel momento, los recibió.

Desde ese entonces, la Casa Museo se dedica a promocionar la muerte de Gaitán, pero no su vida ni su obra, según relatan los visitantes. El Exploratorio, diseñado por Rogelio Salmona como homenaje al pueblo gaitanista, sigue inconcluso y en ruinas. Y de la tumba, ya les conté.

El año pasado, al conmemorar 150 años de la fundación de la Nacional, el campus se llenó de retratos de sus más ilustres egresados. Sin embargo, Gaitán, para mí el más ilustre de todos sus egresados, no apareció por ninguna parte.

Con mucha lucidez, Gloria Gaitán habla no sólo del magnicidio de su padre y del genocidio del movimiento gaitanista, sino del memoricidio: la conducta sistemática del establecimiento para borrar o distorsionar la memoria de Gaitán.

Como profesor de la Nacional me da mucha tristeza contar todo esto. Es evidente que la Universidad es mucho más que sus rectores o directivas: son los estudiantes, los profesores, los trabajadores, los egresados. Es patrimonio de todos los colombianos. Sé que la inmensa mayoría de la comunidad universitaria desconoce esta realidad y que, de conocerla, la rechazarían.

Hoy, el país está en un nuevo momento. El Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición empieza a operar. En particular, la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, que pronto inicia labores, abre muchas esperanzas para las víctimas y para la nación en su conjunto. Finalmente, la verdad y la memoria empiezan a tener aliados.

La Nacional también está en un nuevo momento. Se presta a estrenar su primera mujer como rectora, científica comprometida con la institución, que ha dicho que uno de sus principales focos de trabajo será “promocionar el perdón y la reconciliación, mediante la formulación de nuevos caminos de paz”. Espero que esto le permita rectificar el tortuoso camino andado y abrir un nuevo capítulo, dejando atrás la etapa nefasta de la Universidad Nacional de Colombia como cómplice institucional del memoricidio contra Gaitán.

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