Gobierno anuncia 200.00 subsidios de vivienda entre 2020 y 2022

hace 8 horas
Por: Arlene B. Tickner

El aborto en perspectiva global

Desde hace casi medio siglo, cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos estableció en Roe contra Wade el derecho constitucional de las mujeres al aborto, el mundo ha visto una flexibilización de las leyes que regulan este procedimiento.  Mientras que en el Norte la mayoría de países ha legalizado la interrupción voluntaria del embarazo sin restricción distinta a las semanas de gestación, en otros 125 allí y en el Sur se permite cuando hay causales como malformación del feto, peligro para la vida de la madre, violación e incesto, o dificultades socioeconómicas, y solo en un puñado se prohíbe totalmente. 

La tendencia a la liberalización se refleja también en organismos multilaterales como la ONU. Si bien la incorporación de los derechos sexuales y reproductivos a los acuerdos y planes de acción suscritos por los miembros ha sido lenta y no exenta de controversia, la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible contempla varias metas que revindican su importancia, incluyendo el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva, la educación sexual comprehensiva y la toma de decisiones autónomas acerca de la salud propia. 

Pese a que estos (y otros) avances coinciden en afirmar que el acceso a la anticoncepción y al aborto son derechos humanos, la mayoría de los procedimientos realizados en el Sur son inseguros, aun cuando la ley los permite en ciertos casos, como ocurre en Colombia. Según la Organización Mundial de la Salud estos cobran 8% de la mortalidad materna registrada en el globo.  Dado que las mujeres acuden al aborto con la misma frecuencia sin importar si es legal o ilegal -casi siempre por embarazos no deseados- restringir la oferta de métodos de planificación y abortos seguros solo agrava el peligro.

Aunado a lo anterior, en tiempos recientes se observan tendencias abiertamente contrarias, como ocurre en Polonia, Nicaragua, El Salvador y Estados Unidos, tanto a nivel estatal como federal.  El discurso anti-aborto enarbolado por Trump se ha manifestado tanto en medidas internas como en política exterior, en especial mediante el uso de la “regla mordaza global” que prohíbe dar asistencia estadounidense a ONG extranjeras que practican el aborto.  En su versión actual, la regla afecta el presupuesto total de asistencia en salud (que para 2017 sumó a USD 8,800 millones), cobija múltiples servicios, incluyendo planificación familiar, salud reproductiva, salud materna e infantil, y tratamiento de VIH/Sida, y prohíbe que las ONG “amordazadas” den información sobre la interrupción voluntaria del embarazo o colaboren con otras entidades que prestan este servicio.  Como si fuera poco, Estados Unidos también viene presionando al interior de la ONU para que el lenguaje de la salud sexual y reproductiva se elimine de los textos de la institución.

El debate actual en Colombia sobre la despenalización completa del aborto debería ser motivo para repensar el problema.  Más que su innegable faceta ético-religiosa, es imperativo dimensionar los altísimos costos que ha tenido la regulación (patriarcal) de los cuerpos femeninos para los sectores más vulnerables de la sociedad, situación que puede agravarse con las medidas de Trump.  El lema de las mujeres argentinas que luchan actualmente por el mismo derecho, “educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, sería un buen comienzo.

906340

2020-02-25T22:00:00-05:00

column

2020-02-25T22:00:01-05:00

alagos_86

none

El aborto en perspectiva global

31

3536

3567

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Arlene B. Tickner

Ecuador: desgobierno y polarización

Crimen organizado

Oportunismo

Bioseguridad

Desigualdades