Por: Manuel Drezner

El acoso sexual y la cultura

El acoso sexual se define habitualmente como la acción de que quien está en posición de poder obligue a alguien a hacer algo a cambio de una prebenda. El problema surge cuando la exigencia de un quid pro quo tiene como consecuencia obligar contra su voluntad a una persona (usualmente una mujer, aunque también se han registrado casos con hombres) a resolver el dilema entre lograr sus metas o ser eliminado. Eso sucede con frecuencia en el mundo de la cultura, pero afortunadamente se ha conseguido en tiempos recientes que, al sacar a luz lo que está sucediendo, el culpable quede merecidamente en una picota.

Lo malo es que muchas veces esas acusaciones, más que denunciar un abuso, buscan una venganza y perjudican a un inocente. Queda entonces el problema de determinar la verdad de lo que ha pasado y eso no siempre es fácil. Ha habido ejemplos como el de Harvey Weinstein, el poderoso ejecutivo de la industria cinematográfica, en el cual su depravación era sabida por todos y se acabó cuando alguien se atrevió a denunciar con pruebas fehacientes. Pero en tiempos recientes ha habido casos que quedan a medias aguas. Por ejemplo, las acusaciones al genial Woody Allen, que han sido desvirtuadas por la justicia, han logrado sin embargo interrumpir la carrera de un genio del arte fílmico. A varios directores de orquesta igualmente los han denunciado por abusos y uno ve que ninguno ha sido condenado con pruebas, pero sí que su carrera ha sido interrumpida, lo cual implica una pérdida para el arte. El caso más reciente es el del gran cantante Plácido Domingo, acusado por ocho mujeres, todas las cuales con excepción de una están en el anonimato y la que no lo está confiesa que su carrera nunca sufrió y que el mismo Domingo ayudó a que fuera contratada. El acoso sexual en este caso parece reducirse a una proposición (si la hubo) que no fue aceptada. El resultado es que el mundo musical se ha unido para respaldar al músico y este ha seguido su carrera sin tropiezos. Ha habido también el hecho de quienes se ofrecen y cuando el ofrecimiento es rechazado, inventan la acusación de acoso.

Es indudable que el acoso sexual debe ser censurado, pero las acusaciones deben ser examinadas con lupa para que los culpables sean castigados y los inocentes no sean perjudicados cuando esas acusaciones han sido hechas de mala fe. El mundo de la cultura debe protegerse de quienes quieren hacerle daño cuando lo afirmado no tiene prueba.

(Como nota incidental, hay que recordar los casos de acoso sexual conocidos por amantes de la ópera, como el de don José a Carmen, o como las propuestas de Scarpia a Tosca y del conde de Luna a Leonora, quienes ofrecen cambiar la vida del amante por los favores de la soprano).

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2019-08-29T00:00:53-05:00

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