Por: Hernán Peláez Restrepo

El adiós

En Colombia, cuando un profesional aspira a un determinado cargo encuentra una especie de talanquera con el asunto de la edad.

Si exhibe experiencia y más de 35 años, los contratantes consideran que está “pasado” para el oficio. Si, por el contrario, es un joven de menos de 25 años, entonces peca por inexperiencia y maneja una condición laboral baja. Por eso digo que en ese caso específico pierde con cara y con sello.

El fútbol no resulta ajeno a esa malévola práctica. Si el jugador tiene 32 años se comienza a pronosticar su retiro y a pensar en la despedida. Hay excepciones, como la de Faryd Mondragón, quien, como cualquier portero de jerarquía, juega con más de 40 años. En esa observación, los jugadores de campo pierden con los sufridos arqueros.

Este Mundial verá algunas de las figuras diciendo adiós. Steven Gerrard, el estupendo futbolista inglés del Liverpool, jugará su último partido con la camiseta nacional. Comenzó a integrar su selección hace 14 años, actuó en tres mundiales, incluyendo este de Brasil, y tres Eurocopas. No ganó título alguno, pero sudó a nombre de los ingleses 112 partidos y anotó 21 goles.

Otros que dirán adiós serán el capitán de la selección colombiana, Mario Yepes, quien puso siempre fe en sus condiciones por delante de las críticas, justas en su momento porque no exhibía buen nivel ni en Atalanta y menos en la selección con Pékerman. Su temple, jerarquía y su brazalete de capitán le alcanzaron para recibir elogios y decir a todo pulmón: acá estoy y respondo. Así deben ser los adioses de los grandes.

A su lado, Andrea Pirlo prepara el archivo de su talento en la selección italiana, y como él tantos se irán y darán paso al cambio, a la bienvenida de nuevos talentos que tuvieron en ellos un espejo. Merecen ser copiados.

Es obvio que, por resultados, siendo jóvenes deberán preparar el adiós. Y esto cobija a tantos técnicos que, como Vicente del Bosque, dejarán el camino abierto a sus reemplazantes. Xabi Alonso y unos cuantos del campeón actual pagarán con su salida la floja presentación en Brasil.

El fútbol es tan generoso que para el próximo Mundial otras caras volverán a contagiar al mundo. Sólo quedará el recuerdo de aquellos que estuvieron en escalones superiores al nivel normal.

Es triste dar el adiós en cualquier actividad y es mentira eso de estar preparados para hacerlo. El vacío que sigue a abandonar una causa trae consecuencias, mentales y espirituales. Es allí donde el ser humano tiene que apelar a todos los recursos habidos para disimular el vacío. Finalmente, es preciso dar las gracias a tantos jugadores que se van y alimentaron esta pasión por el balón.

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