Por: David Yanovich

El adiós de Uber

Todavía no para la controversia en el país por la decisión de la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) en relación con Uber. Y el anuncio de esa plataforma de cesar operaciones en Colombia a partir del 31 de enero le echó leña al fuego de ese debate.

Entre la fecha en que la SIC anunció su muy debatible decisión y hoy, el Gobierno ha comunicado que se va a regular mejor el servicio de taxis, que se implementarán reglas para prestar el servicio de taxis de lujo y que se prohibirá la importación de nuevos taxis “zapaticos” al país. Todos estos anuncios van en la dirección correcta, pero siguen sin ser suficientes para explicar por qué la SIC decidió limitar la competencia en lugar de promoverla.

En Estados Unidos el servicio de Uber y otras plataformas similares es ampliamente utilizado. Contrario a lo que sucede en Colombia, donde pareciera que se está defendiendo el statu quo en contra de beneficiar al usuario, allá buscan cómo adaptarse para incorporar estos desarrollos tecnológicos. Un ejemplo que puede ser pequeño, pero muy diciente, es lo que ocurre en el aeropuerto de Boston. Hay una zona exclusiva para el transporte a través de aplicaciones, y los servicios entran derecho al edificio de parqueo, donde, de manera organizada y simple —lo que lo hace fácil para el usuario—, se puede recoger y dejar a los pasajeros.

Algunos países se adaptan para acomodarse a la innovación que mejora la vida de sus ciudadanos. En otros la consigna parece ser diferente. Y no es que en países como Estados Unidos los taxistas no tengan sus reparos con respecto a un servicio que les ha quitado negocios por prestar una atención mejor y más barata. Pero no por ese motivo el Estado busca cancelar la aplicación. Lo que se busca es que compitan, en condiciones de igualdad, y que gane el que mejor valor le brinda al usuario.

En Colombia existe una asimetría grande entre el servicio de taxi y el de plataformas como Uber, en particular en lo relacionado con los cupos para prestar el servicio. En una ciudad como Bogotá, los taxis amarillos son diez veces más que los carros que prestan el servicio de Uber. La queja de los taxistas tiene fundamento. Pero en lugar de limitar la prestación del servicio de esas plataformas, lo que el Estado debería hacer es nivelar las condiciones de competencia.

Vuelvo a Boston. En esa ciudad se da cuenta de lo que ha pasado con los taxis al mirar el precio de los cupos. Antes de la llegada de las plataformas tipo Uber, estos podrían costar hasta US$600.000 en el mercado secundario. Esa plata pasa de un dueño de taxi al otro, sin que entre a las arcas de la ciudad. Hoy en día los mismos pueden estar alrededor de US$60.000, es decir, diez veces menos que hace unos 15 años. Lo que hay que hacer es crear las condiciones correctas para fomentar la competencia.

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2020-01-14T00:00:54-05:00

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2020-01-14T00:30:02-05:00

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