El afán de ser rico

Noticias destacadas de Opinión

A todo gobierno en vía de extinción y con el sol en sus espaldas lo acomete de una manera tal el síndrome del afán que, en semanas, pretende ejecutar cuanto en cuatro u ocho años no alcanzó siquiera a conjeturar.

El de Santos fue el de graduar a Colombia de “país más rico” sin haber cursado siquiera las materias básicas del pénsum que diera en avalar ese título, quizá no la más acertada iniciativa entre tantas de las que, en su estancia en la Casa de Nariño, tuvo y acarició nuestro Nobel presidente.

Y es que el grado de país más rico otorgado a Colombia por la OCDE fue prematuro por una razón suficiente que va a más allá de lo posible: Colombia apenas si estaba cursando el kínder, si es que ya había alcanzado a pasar del parvulario, en las materias que tan encumbrada escuela exige e impone a los aspirantes a graduarse de más ricos en sus aulas.

Entre las más de esas, una que en vez reducirse se ensancha, expande y crece en nuestro país, la desigualdad, categoría en la que sus pares en tan exclusivo club de iguales o muy próximos a emparejarse en el cumplimiento de los raseros que impone la escuela para ascender en el escalafón social, apenas si alcanzaba para sentarnos en el último de sus bancos.

Pero no solo es esta, la de la desigualdad, la única asignatura en la cual nuestras carencias llegan a los niveles de precariedad, hay otras que nos descalifican para ascender de grado siquiera con la calificación mínima, y son las de ostentar promedios irrisorios en logros que, con los pares con los cuales nos puso Santos codearnos y a compartir pupitres, son determinantes para aceptarnos así no más y con las manos vacías.

Una, quizá la más sensible y exótica para aquellos, la corrupción, para nosotros especie silvestre y endémica del territorio, de crecimiento incontrolable, con ramificaciones y frutos abundantes en todos los climas y pisos del establecimiento, a cuya sombra y contaminado entorno va y viene el país ilusorio que somos y no queremos desmontar de esa maleza.

Y si de otra materia de las exigidas en el pensum de la OCDE, la informalidad laboral, se tratare, aquí sí de verdad que nos va a costar dios y ayuda ganarla, por cuanto ninguna formalidad en el empleo puede crear una economía y un aparato productivo en estado de hibernación, cuya dinámica no alcanza, por lo menos en el Caribe, a producir para nuestra juventud empleos distintos de los de mototaxista, limpiador de parabrisas o vendedor de bolis en los semáforos de sus ciudades capitales.

Si Colombia aspira a ejercer su título con todas la de la ley, graduado ya de país rico, tiene primero que pasar por el largo, continuo y exigente aprendizaje de un nuevo modelo de desarrollo e industrialización, capaz de producir bienes de capital que incorporen intensivamente ciencia, tecnología e innovación.

Un modelo orientado hacia la diversificación para no depender exclusivamente de la minería del carbón y el petróleo, e incorporar en los programas y políticas públicas para generar productividad, competitividad y empleo, la sostenibilidad ambiental, la gratuidad y calidad de la educación superior, y cumplir el pacto social que impone el Estado de bienestar a los países ricos.

Entre tanto, seguirán marcando la agenda las reformas tributarias y financieras que favorecen con altas exenciones a los más ricos y desaparecen, como los “falsos positivos”, a la clase media, pensionados y empleados.

* Poeta.

@CristoGarciaTap

Comparte en redes: