Por: Mario Méndez

El agua: a propósito de Mocoa 2

¿Por qué una potencia hídrica como Colombia carece de política medioambiental que cuide ese patrimonio? ¿Por qué somos incapaces de crear mecanismos reguladores de precipitaciones abundantes y tiempos de sequía? ¿Por qué nuestros gobiernos son tan inmediatistas y no se proyectan hacia el horizonte, hacia el futuro, para construir un derrotero sobre el agua y los asuntos conexos?

Si miramos más allá del ombligo nacional y nos percatamos de que dos millones de personas mueren anualmente en el mundo por falta de agua, habremos de contrastar el valor de los recursos acuíferos nacionales y la irresponsabilidad gubernamental, ubicándonos frente a políticas ya instauradas en países que cuentan con parámetros definidos. Es el caso ejemplar de Holanda, con metas que cubren hasta 2100, y que señalan fuertes contrastes entre un país atrasado en propósitos y un Estado responsable con el presente y el mañana.

Holanda ha llegado a la convicción de que no se debe construir contra la naturaleza, en contravía del principio que le reconoce al hombre su capacidad quizá soberbia de dominar la naturaleza, aun olvidándose de la memoria de los cauces fluviales (¡ay, Hidroituango!). Aquí tenemos a la vista muchos desastres que indican imprevisión. Lo ocurrido hace pocos días en Mocoa no se puede asumir como accidente o, tal vez, dirán algunos, como castigo de un dios que no quiere a la gente de San Miguel de Agreda de Mocoa, la capital putumayense, que en 2001 cumplió 450 años.

La avalancha más reciente deja ver casas en el aire, y no son creación multiplicada de Rafael Escalona sino construcciones frágiles que siguieron ahí luego de la desgracia de abril-marzo de 2017. ¿Era difícil prever que de nuevo los ríos se desbordarían? En esa tragedia repetida se percibe la precaria concepción de nuestros mandatarios en estas materias.

Y con esa lógica de lo inmediato se presentan dramas naturales en otros lugares: un día, vacas rocinantescas en terrenos resecos, y otro día las tierras inundadas del oriente colombiano. ¿Es imposible regular esos ciclos? ¿No hay plata para eso? Pensamos que ¡tiene que haber! El país debe salvaguardar la circunstancia de país privilegiado en su naturaleza, y realizar las obras que se requieran para, además, proteger la vida de los habitantes. Eso es una inversión.

Volvamos a Holanda. A raíz de situaciones difíciles que vivió en 1953, se planteó la urgencia de establecer una especie de gerencia de Estado, con altísimas prioridades y en la línea de preservar el solar humano. Holanda comprendió que proteger el agua era una tarea atada al cuidado del país en todos los órdenes. Hoy recicla el 80% de su materia residual y tiene definidos los diseños industriales que más convienen a todos, siempre a la luz de esa visión integral. Pero esto exigiría un generoso espacio para analizarlo.

Tris más. Duque habló de los asesinatos de líderes sociales. Nos preguntamos a propósito: ¿cuántos líderes de derechos humanos tiene el Centro Democrático?

* Sociólogo, Universidad Nacional.

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