Por: Alvaro Forero Tascón

El alcalde más competente

Las campañas políticas tienden a girar alrededor de cuatro ejes: los temas, las propuestas, el atractivo de los candidatos y la competencia de los candidatos. En ocasiones, el resultado electoral es producto de la combinación de varios de los factores; en otras, uno se impone sobre los demás.

La elección de Álvaro Uribe en 2002 fue resultado de que se impusieron los temas (la seguridad). En la elección de Samuel Moreno se impusieron las propuestas (el metro) y el atractivo del candidato (simpático). La elección de Juan Manuel Santos resultó de la imposición de los temas (mantener la seguridad) y la percepción de mayor competencia del candidato (firmeza).

Hasta ahora la campaña a la Alcaldía de Bogotá ha estado enfocada en las propuestas de los candidatos, muchas y muy buenas. Ha sido un ejemplo de altura, de seriedad programática, de discusión serena de las propuestas. Pareciera, sin embargo, que no está siendo efectiva en llegar con claridad a los votantes pues no es fácil identificar los candidatos con una propuesta específica. Y la dinámica relativamente estable de las encuestas muestra que ninguna propuesta se está imponiendo sobre las demás.

Parecería que los temas tampoco van a definir el resultado electoral, porque no se han marcado grandes diferencias de los candidatos en materia de seguridad, corrupción y movilidad. Todos han sido efectivos en presentarse como decididos a atacar esos problemas y por lo tanto se asume que con cualquiera de ellos se superará la corrupción, o se trabajará seriamente en seguridad o movilidad, porque además los ciudadanos se han convencido que no hay salidas fáciles para los problemas.

En principio, la campaña tendría condiciones ideales para enfocarse en el atractivo de los candidatos. Sin embargo, la gravedad de la situación de Bogotá no ha facilitado que eso se dé. Los tres candidatos jóvenes no han podido capitalizar sus perfiles telegénicos y frescos, que en otro momento podrían haber resultado muy atractivos para el electorado.

Creo que la elección se definirá por la percepción de los votantes sobre la competencia de los candidatos. La crisis de Bogotá ha generado la sensación de que es producto no sólo de la corrupción, sino también de falta de competencia del alcalde anterior, y aunque la coyuntura no define las elecciones, sí clarifica la base sobre la cual escoger al ganador. El estado lamentable de la calle 26 deja la sensación de que hacer grandes obras no es fácil, que además de honradez se requiere de un buen gerente que se apersone y saque adelante las obras por encima de los innumerables obstáculos que se presentan. Los ciudadanos están concluyendo que no basta la simpatía, ni siquiera las buenas ideas. Que el mejoramiento de Bogotá fue resultado de alcaldes competentes, y que a eso hay que regresar para salir del atolladero.

Aunque los candidatos pueden demostrar en una campaña que son competentes, es más fácil convencer con credenciales a un electorado desconfiado. Las de Antanas Mockus se desgastaron en la campaña presidencial. Las de Jaime Castro están empolvadas. A pesar de las losas, y su personalidad poco política, las credenciales de Enrique Peñalosa siguen siendo las más contundentes.

 

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