Por: Eduardo Sarmiento

El alza del desempleo

La evolución del desempleo no ha recibido la suficiente divulgación. Los avances que el país tuvo en la primera administración Santos se diluyeron en los últimos tres años. El desempleo llegó a 9,2 % en los últimos meses y se aproxima a los dos dígitos.

Lamentablemente, la economía se vino abajo en el 2014 y el Gobierno se resistió a reconocer las causas estructurales. La caída de los precios del petróleo se interpretó como un fenómeno temporal que se corregía con disposiciones convencionales de mercado. Los daños dejaron al descubierto serias falencias estructurales e institucionales en el sector externo y el marco macroeconómico. La primera señal de la debilidad del sector externo se dio cuando la devaluación masiva fue seguida por el desplome de las exportaciones, y en particular de la industria. Luego se vio que las decisiones del Banco de la República sobre las tasas de interés de referencia provenían más de la cartilla que del análisis coyuntural, y que las reformas tributarias del Ministerio de Hacienda se orientaban más a complacer a las firmas calificadoras de riesgo que a reactivar la economía, como lo demostró la elevación del IVA en un momento recesivo.

Tal vez donde se observa más claramente la naturaleza estructural de la economía colombiana es en el mercado laboral. Hasta mediados de 2014 el empleo crecía por encima de la población y el desempleo disminuía sistemáticamente. La tendencia cambió drásticamente en la segunda administración Santos y, como de costumbre, se atribuyó a factores transitorios. Mas, en un principio se ocultó con el aumento de trabajadores inactivos, que se entiende mejor por factores estadísticos que laborales. Lo cierto es que luego de que el empleo creciera durante varios años alrededor de 3 %, en los dos últimos años lo ha hecho sistemáticamente por debajo de 1 % y en la actualidad no llega ni a 0,5 %.

La explicación la he presentado en varias oportunidades. La caída de los precios del petróleo y la revaluación de 10 años configuraron una estructura externa de baja demanda. El cuantioso déficit en cuenta corriente se buscó corregir con una política macroeconómica restrictiva que ocasionó un exceso de ingreso nacional sobre el gasto que bajó el crecimiento económico de 5 a 1,3 % y contrajo el empleo por debajo de la población.

Estamos ante el clásico estado de exceso de ahorro. El consumo y el producto crecen al mismo ritmo, y la inversión, cuatro puntos por debajo. La política monetaria convencional es inoperante en condiciones de tasa de interés mundial cero y la política fiscal de déficit financiado con títulos de ahorro les resta recursos al crédito y la inversión.

El resultado descrito, a pesar de su enorme simplicidad, no se asimila en los círculos influyentes. El Banco Mundial, con su vicepresidente a la cabeza, ha creado la versión incorrecta de que el mal comportamiento de la economía obedece a la baja productividad y que la solución es de difícil comprensión e incierta.

Si la caída de la economía estuviera en la disminución de la productividad, la caída de la producción no tendría como contraparte una disminución del empleo. La fuerte relación entre las dos variables es una clara evidencia de que el deterioro de la economía se origina en factores de demanda que no caben dentro de los dictámenes del mercado. Se configura un círculo vicioso en el que la caída de la producción contrae el empleo y éste acentúa el deterioro de la producción.

Al ahogado no hay que buscarlo aguas arriba. La caída de la economía se origina en la deficiencia estructural del sector externo y se acentúa por el manejo macroeconómico. La solución no puede ser distinta a la de una nueva visión que reconozca los efectos destructivos de la globalización y la ineficacia de la autonomía del Banco de la República.

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