Por: Julio Carrizosa Umaña

El ambientalismo y la paz (VI)

Ambiente rural y ambiente urbano se funden en una sola realidad nacional; no es posible planificar la paz sin tener en cuenta que más del 70% de la población ya vive en ciudades y en cascos urbanos y que en el campo, debido a sus límites y al estado de deterioro ecológico y aun cuando lográramos mejorar la situación, solo podrían vivir dignamente unos pocos millones de colombianos.

Como el tema no se tratará en La Habana, es responsabilidad de la ciudadanía considerarlo para no transitar ciegamente hacia un escenario en el que la pobreza y la inequidad urbana y nuevos fracasos en el campo agudicen nuevamente los conflictos sociopolíticos.

El DNP en el Plan Nacional de Desarrollo propone un concepto que todos deberíamos estudiar: “impulsar ciudades amables y sostenibles para la equidad”, el ambientalismo puede aportar experiencias que ayuden a trasladar a la realidad ese concepto, ya que la sostenibilidad ambiental integral incluye necesariamente el logro de la equidad y el respeto hacia los otros. Esas ideas podrían ayudar a concretar proyectos en donde se contestaran tres preguntas fundamentales: dónde pueden existir esas ciudades, cómo proporcionar allí empleo digno y cómo planificarlas para que sean amables.

Existen en Colombia más de 1.000 municipios en donde se ha tratado de construir cascos urbanos; algunos de ellos han prosperado en medio de la guerra, la corrupción y el narcotráfico y han demostrado que pueden ser buenos vivideros. Pienso que esas realidades locales deberían ser estudiadas detalladamente para establecer cuáles de ellos tienen las características ecológicas, sociales, económicas, políticas y culturales necesarias para constituir alternativas reales a la situación actual de las ciudades medianas y grandes. Algo en ese sentido se está haciendo en el Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia.

El ambientalismo también puede aportar experiencias para proporcionar en esas ciudades empleo digno y diseñar los espacios urbanos para que sean amables; las industrias y los servicios relacionados con las energías alternativas, el nuevo urbanismo, la construcción sostenible, el manejo adecuado de los residuos, la movilidad sin combustibles fósiles, la agricultura orgánica, la alimentación sana, la recreación integral en parques y jardines, y, naturalmente la investigación y la educación, podrían constituir núcleos innovadores capaces de proporcionar ingresos adecuados a muchos cientos de miles de colombianos si se establecieran las condiciones adecuadas. Es muy posible que la equidad florezca en esos espacios urbanos sostenibles y amables.

 

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