Por: Columnista invitado

¡El amigo que se fue!

Todas las palabras son vacuas y superfluas cuando un amigo se va. Chávez me enseñó el significado de la amistad y la solidaridad.

 Para él no hubo imposibles cuando se trataba de hacer mejor la vida de quienes amaba. Siempre dispuesto a dejar sus intereses personales de lado para lograrlo. La amistad cobró en Chávez las dimensiones éticas: el reconocimiento de la otredad, la conmiseración, la generosidad, sin importar el costo político que representara. Era amigo de los diferentes, de los excluidos, de los pueblos.

Hugo siempre estaba dispuesto a tender la mano, a brindar el abrazo solidario y a dar apoyo a quien lo necesitara. Fue amigo del pueblo de Cuba, del haitiano, de Bolivia, de Centroamérica. Tenía un corazón grande y una visión de la solidaridad más allá de las fronteras de su Venezuela amada. Tenía conciencia del valor del intercambio entre países hermanos y tuvo la visión de intercambiar petróleo por conocimiento, salud, educación, ciencia y cultura para su pueblo.

Chávez, el líder, el alegre, era un hombre sin protocolos. No sólo tuvo la capacidad de llegar al pueblo a través de un análisis sencillo de la economía, sino que fue capaz de analizar las realidades de las sociedades globalizadas y asumir retos como la conformación de un mundo multicéntrico y pluripolar e insistir en la salvar la vida en el planeta.

Venezuela hoy no es el mismo de hace unas décadas. La riqueza del petróleo, que estaba en manos de unas élites, ha llegado a las de los más pobres en forma de vivienda, salud, educación y cultura. Venezuela hoy juega en el contexto internacional, asumiendo liderazgos en Unasur y el ALBA o integrándose a Mercosur para contribuir a conformar una América Latina contra la pobreza y la exclusión. Imaginaba una región autónoma pero integrada. Chávez fue un convencido de que a través del juego democrático se pueden lograr las transformaciones que se requieren.

La revolución emprendida por él en Venezuela es un testimonio de ello. Una revolución pacífica que ha devuelto a mujeres y hombres el ejercicio de la política al servicio de las mayorías, la dignidad para sentirse ciudadanos con derechos y la fe en un futuro mejor. Los cambios en la vida del pueblo venezolano han marcado los destinos de América Latina. Huellas que la muerte no puede borrar. Chávez dejó los cimientos de una Revolución Bolivariana duradera.

Chávez, como yo, se empecinó en la paz de Colombia. No entendía el porqué de nuestros vetustos rencores, ni concebía que nos matáramos entre compatriotas, entre hermanos. Soñó que la paz de Colombia se podría lograr a través del diálogo y la cooperación de los países amigos. Pronto la historia sabrá otorgarle la razón.

Hoy lloramos tu partida, pero mientras tengamos vida estarás presente, nos acompañarán tus enseñanzas, tu capacidad de compartir y sobre todo el tesón para sacar adelante las ideas. Y como lo dijera el poeta Miguel Hernández: “…Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma, tan temprano…”.

 

* Piedad Córdoba

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Columnista invitado

Refugio: una lotería para pocos en Colombia

Turismo sostenible, alternativa para el Amazonas

El antropoceno en Colombia