Por: Esteban Carlos Mejía
Rabo de paja

El amor siempre gana

“Dicen los astrólogos honestos que desde el viernes 1º de enero hasta el sábado 31 de diciembre del pasado 2016, que fue, según se ha probado, el peor año bisiesto que se encuentre en las bitácoras del universo, un conjunto de planetas forzó a quienes aún no iban a morir a soportar sus peores miedos, a encarar y a vivir sus pesadillas en este lado de la realidad. Pocos fueron capaces de leer los signos antes de la incisión. Sólo unos cuantos habían considerado la posibilidad de semejante remezón”. Esto sale casi al final del libro, página 563 de 607, pero es una advertencia que uno ha percibido desde el principio: la vida es un azar, una contingencia inabarcable e indescifrable, mucho más si se vive en pareja.

Ricardo Silva Romero se ha fajado otra novelaza. Cómo perderlo todo, Alfaguara, octubre de 2018, es cautivadora. Creo que ningún lector escapará a su magia narrativa. Es la ficción de muchas ficciones, historias de parejas, tríos, cuartetos, idilios simétricos o asimétricos. Se enlazan unas con otras y luego se desanudan para volverse a ligar en un encadenamiento casi sin fin. Muchachas que se adoran entre sí. Cuchitos que se detestan en silencio después de más de 30 años de matrimonio. Mujeres que se venden sin venderse a machos poderosos, amos de sus cuerpos y almas. Hijas que aman sin desconsuelo. Hijos que lloran el amor perdido, incomprendido o inexistente de sus padres. Choferes, decanas, guardaespaldas, santeros, brujos, tarotistas. Esposas traicionadas. Maridos adúlteros. Novios displicentes ante la fogosidad de sus novias. La diversidad humana, según le gustaba al conde Tolstói.

El personaje principal es un ser entrañable: Horacio Pizarro. Profesor de filosofía del lenguaje, llegando a los 60 años, casado, dos hijas, tauro, casi dos metros de estatura, lleno de calambres y espasmos en piernas y espalda, pobre hombre, su reino no es de este mundo. Al inicio del 2016 sufre un apedreamiento feroz e implacable en Facebook por culpa de un post que no me atrevo a reproducir para evitar que a mí también me aniquilen. La esposa lo deja por irse a cuidar en Boston a su hija embarazada y el profe cae en la más profunda de las desesperaciones. Se carga de odio e incertidumbre, batalla contra sí mismo para no dejarse vencer por las muchedumbres de Facebook, Twitter y la puta que los parió. Se enamora de una profesora 15 años menor que él. Por unas semanas vive la exaltación del deseo y el embeleso carnal. El amor acaba, como en la canción de Natalia Lafourcade, y él vuelve a lo suyo: escribir y opinar, opinar y leer, leer y escribir. De repente se vuelve una celebridad en las redes y… no cuento más porque Ricardo me puede lapidar por spoiler.

Supongo que algunos ociosos en Bogotá se devanarán los sesos tratando de identificar a las parejas reales que sirvieron para construir las imaginarias. Allá ellos. Un escritor sólo necesita memoria, imaginación y un buen diccionario, según la fórmula de otro profesor, el perfeccionista Vladimir Nabokov. Y Silva Romero combina muy bien lo que sabe con lo que imagina con lo que sueña con lo que lee en los horóscopos con lo que inventa con lo que recuerda. Cómo perderlo todo es otro triunfo del amor...

Rabito: “La relación inmediata, natural y necesaria del hombre con el hombre es la relación del hombre con la mujer”. Karl Marx, Œuvres philosophiques, tomo VI.

Rabillo: ¡Feliz cumpleaños, espectadores!

@EstebanCarlosM

 

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