Por: Manuel Drezner

El aniversario de la televisión

Para los pocos que quedamos de quienes estuvimos en los primeros tiempos de la televisión, nos ha parecido extraña la forma como han olvidado lo que fue la TV de esas épocas.

 También nos olvidaron a muchos de nosotros, que vivimos y prácticamente creamos ese medio en el país, pero ese es otro cuento. De lo que se trata es de que valdría la pena dejar constancia de ese fenómeno único que fue la televisión de entonces, ya que fue algo único, me atrevería a decir, en el mundo.

En esos días de los años cincuenta, la TV para el público llevaba muy poco tiempo de existencia, o sea que la televisión colombiana tenía pocos antecedentes en los que basarse. Fernando Gómez había importado a los técnicos de un canal cubano que había pasado a mejor vida y éstos implantaron un curioso sistema de hacer programas, entre ellos el de que el director de cámaras (a quien llamaban productor) era independiente del director general del programa. Ese método era absurdo (y hoy día el director es igualmente director de cámaras), pero permitió que quienes dirigíamos programas nos pudiéramos concentrar en crear la que fue una TV única en el mundo. Eso es lo que quiero recordar aquí.

La televisión colombiana de ese entonces no tenía telenovelas, pero sus programas de teleteatro presentaban al público lo mejor del arte escénico del mundo. Aquí se pudo ver a Shakespeare y a Casona, a Ibsen y a Kafka y Miller. En nuestra TV se mostró por primera vez una obra de Brecht y se formaron los actores que posteriormente serían la base del vital movimiento teatral de hoy día. Se trajo a profesores como Seki Sano, que ayudaron a que la mística que existía se desarrollara sobre bases técnicas. Nada de esto ha sido recordado. Por el lado musical, nuestra televisión, además de programas de música popular que no han sido igualados, tuvo una orquesta de música clásica propia y, fuera de esto, una compañía de zarzuela. Las temporadas de ópera de ese entonces fueron transmitidas por TV y los compositores de música culta nacionales tuvieron un espacio para que el público los conociera.

Hubo programas de divulgación tales como el que hacía Enrique Uribe White y se dieron los primeros pasos para una televisión educativa que a la larga fue abandonada por razones misteriosas, a pesar de que se veía que estaba dando frutos. Esta nota, por tanto, más que dejar constancia de quienes fuimos olvidados, tiene como objeto recordar que el fenómeno de los primeros años de la televisión colombiana fue algo único y que no se ha repetido. Ojalá la TV de nuestros días tuviera la mística de ese entonces.

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