Por: Dolly Montoya

El “año cero”, experiencias desde la Universidad Nacional

En mis 35 años de experiencia como docente e investigadora de la Universidad Nacional he sido más que testigo de los retos, el empeño y el trabajo duro que miles de colombianos asumen cuando tienen la fortuna de ingresar a la universidad. Lamentablemente, sigue siendo un afortunado quien puede continuar con sus estudios luego de culminar el bachillerato. La situación de los jóvenes que logran acceder a la educación superior tampoco es fácil, muchos de ellos tienen dificultades para sostenerse por motivos que cubren un amplio espectro: desde dificultades económicas, ubicación geográfica y problemas familiares, hasta situaciones de adaptación al mundo académico: en muchas ocasiones la preparación que reciben en sus colegios es tan deficiente que cuando llegan a la universidad se encuentran en amplia desventaja.

Por esta razón, estudiosos de la educación superior han señalado como urgente y necesaria la implementación de un “año cero” en las universidades del país, para entregarles a los estudiantes mejores herramientas en su desarrollo académico, hacia una formación integral que no solo debe estar dirigida a prepararlos como profesionales, sino también como ciudadanos críticos, éticos y libres.

Bajo esta perspectiva, la Universidad Nacional de Colombia ha establecido por décadas múltiples programas que se han anticipado a la implementación del “año cero”. Los Programas de Admisión Especial y las estrategias de identificación de debilidades académicas al ingreso, para la posterior nivelación de los estudiantes de primeros semestres, han llevado a la Universidad Nacional a tener una de las más bajas tasas de deserción estudiantil del país y además han hecho que miles de jóvenes, a pesar de sus dificultades, se conviertan en los profesionales y ciudadanos mejor preparados de Colombia.

Recordemos que más del 85 % de los estudiantes de la Universidad Nacional son de estratos 1, 2 y 3 y que provienen del 70 % de los municipios del país.

Nuestra institución ha implementado acciones afirmativas para garantizar el acceso a la educación superior por parte de las minorías. Existen programas que reconocen las realidades étnicas y culturales frente a la perspectiva de un sistema educativo homogeneizante. Es así como en 1986 se creó el Programa de Admisión Especial para miembros de Comunidades Indígenas, una herramienta que ha permitido que jóvenes pertenecientes a diversas etnias se matriculen en una carrera y se formen como personas constructoras de una mejor sociedad, enriqueciendo sus comunidades, su cultura y su tradición.

En el mismo sentido, para hacerle frente a la pobreza que azota a distintos municipios en el país, la Universidad creó en 1989 el Programa de Admisión para Mejores Bachilleres de Municipios Pobres, que reserva el 2 % de los cupos de cada carrera para los estudiantes que ingresen mediante este mecanismo. Adicionalmente, se creó el Programa de Admisión Especial a Mejores Bachilleres de Población Afrocolombiana, Palenquera y Raizal.

Entre estos programas de admisión especial, uno de los más valiosos y de mayor importancia para la reconciliación nacional es el Programa de Admisión Especial a las Víctimas del Conflicto Armado Interno en Colombia, que tiene como requisito que el aspirante esté inscrito en el Registro Único de Víctimas de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas.

De otra parte, una de las apuestas de la Universidad que mayor inclusión genera es el Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica (Peama), para los estudiantes que ingresan a nuestras sedes de Presencia Nacional: San Andrés, Arauca, Tumaco y Leticia. Este programa les permite cursar sus primeros semestres en la sede de Presencia Nacional más cercana a su comunidad, preparándose y nivelándose en áreas básicas del conocimiento como la matemática, la lecto-escritura, las ciencias básicas, las humanidades, las artes, entre otras, y luego continuar sus estudios profesionales en las sedes de Medellín, Bogotá, Palmira o Manizales.

En conclusión, si hacemos un chequeo de las cifras encontramos que, desde el año 2008 hasta el año 2017, gracias a los programas especiales de admisión 42.043 estudiantes de diversas zonas del país se han podido matricular en la Universidad Nacional; tan sólo para mencionar un dato.

Debido a este tipo de estrategias, en la Universidad nos hemos dado cuenta de que no es falta de capacidad lo que hace que nuestros jóvenes no logren continuar sus estudios superiores, sino la ausencia de oportunidades. Hoy más que nunca, la Universidad Nacional de Colombia, como proyecto cultural de la nación, asume su compromiso de formar jóvenes en un ambiente cultural donde las artes, las humanidades, la ciencia, la técnica, el respeto y el cuidado de nuestra diversidad contribuyen a su formación como seres íntegros.

Efectivamente, nuestra experiencia en el “año cero” y en las demás estrategias de inclusión y formación de calidad hacen de la Universidad Nacional un faro para el Sistema de Educación Superior del país. Es importante que las demás universidades y las políticas públicas asuman su responsabilidad para sentar las bases que permitan formar ciudadanos integrales y éticos, seres humanos en todo el sentido de la palabra. Claro está, para esto el sistema educativo requiere de mayores recursos financieros que han de gestionarse con la ayuda de la sociedad civil, los gremios, la industria, las entidades internacionales y el Gobierno.

El trabajo de décadas en la Universidad Nacional para implementar estrategias efectivas de inclusión social, a partir de la formación de calidad y el desarrollo de ambientes de aprendizaje, expresa lo que es capaz de hacer la educación pública por el país: una educación pensada para todos y todas, teniendo en cuenta la fuerza de nuestra gran diversidad como nación.

* Rectora, Universidad Nacional de Colombia.

@DollyMontoyaUN ‏

 

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