Por: Columnista invitado

El año en que las noticias se aceleraron a la velocidad de Trump

Por Matt Flegenheimer

Washington. Barack Obama fue presidente a principios de este año.

De verdad, hay relatos de testigos de ese periodo que lo confirman. Duró casi tres semanas, al parecer, o casi el tiempo transcurrido desde que un demócrata obtuvo un asiento en el Senado en Alabama, si no falla la memoria, lo cual sucede a menudo.

Esa elección especial llegó antes de que el presidente Donald Trump lograra que el Congreso aprobara la mayor reforma fiscal que se había hecho en una generación, pero después de que reconoció a Jerusalén como capital de Israel, lo cual precedió a amenazas de terminar con la ayuda estadounidense a cualquier país que objetara… y lo hicieron, muchísimos de ellos, en un voto extraordinario de las Naciones Unidas que casi con seguridad ocurrió en algún momento entre todo lo anterior, ¿no? Quizá más o menos cuando el presidente acusó a una senadora de hacer “cualquier cosa” para obtener contribuciones para una campaña, con lo que tocó fibras en el movimiento #YoTambién que ayudó a inspirar, y habló de otra conspiración a gran escala en su contra en los altos mandos del FBI.

¿O sucedió en el verano? ¿Cuándo fue lo de los huracanes? Ah, y el Pentágono ha estado dándole seguimiento a una posible visita alienígena. Eso definitivamente ocurrió.

Después de un año, este podría ser el truco más grande de Trump: su tornado de generación de noticias ha agitado el entendimiento del tiempo y la memoria de los estadounidenses, y ha producido una especie de sobrecarga sensorial que puede hacer que incluso sucesos sísmicos —naturales o creados por él— desaparezcan de la conciencia colectiva y la vista pública.

Es el mago que se traga una espada que nadie creyó que fuera parte del acto, mete una docena de conejos en un sombrero antes de que la audiencia pueda contarlos… y después tuitea alegremente acerca de Fox & Friends” mientras la multitud se esfuerza por recordar para qué espectáculo habían comprado boletos en primer lugar.

Crisis diplomáticas. Tragedias humanas. El despido de Scaramucci.

¡Bum!

“Amontonamos los sucesos de seis años”, dijo Jason Chaffetz, un antiguo congresista republicano de Utah que renunció a su empleo a finales de junio.

“Llegamos a un punto en el que simplemente ya no podemos seguir lidiando con cosas”, dijo Matt Negrin, un productor digital de The Daily Show, al recordar los torbellinos sin resolver, como la riña de Trump con la viuda de un soldado condecorado con la Estrella Dorada, su afirmación infundada de que Obama había intervenido sus teléfonos y su defensa de los simpatizantes nacionalistas blancos en medio de la violencia mortal de este verano en Charlottesville, Virginia.

“En mi opinión, eso es algo de lo que deberíamos estar hablando”, dijo Negrin. “Pero luego hubo un el eclipse cinco días después. No es que Trump haya creado el eclipse. Pero quizá sí”.

La desorientación ha tenido extensos efectos, y le ha dado forma no solo a la imagen pública de Trump, sino también a las maneras en que los legisladores, periodistas y otros en su ecosistema están obligados a operar.

No es exactamente que “nada importe”, para usar una de las frases nihilistas y agitadoras favoritas de las redes sociales de la era de Trump. Es que nada importa durante... el tiempo suficiente.

“Las Vegas y el tiroteo en la iglesia de Texas han salido del mapa, dos de los asesinatos masivos más atroces en la historia estadounidense reciente”, dijo Tom Brokaw, corresponsal especial en NBC News, marcando dos episodios que, bajo circunstancias previas, muy probablemente habrían permanecido sellados en el debate nacional. “Es sorprendente. Debería ser una de las noticias más determinantes no solo del año, sino de la historia”.

Hay muchas de esas. Y el triunfo aparente del presidente por encima del continuo espacio-tiempo ha creado preocupaciones prácticas en las oficinas del Congreso y las salas de redacción, exacerbadas por fuerzas que preceden a Trump: el ascenso de Facebook y Twitter, los instintos partidistas de las noticias por cable y, en el caso de los tiroteos masivos, lo que muchos describen como una insensibilidad al terror cada vez más fuerte por parte de la gente.

El senador Christopher S. Murphy, demócrata de Connecticut, quien se volvió un destacado defensor del control de armas después de la masacre de 2012 en Newtown, Connecticut, describió su tarea en la presidencia de Trump como una misión de “triaje”, “abrumadora una y otra vez” cada día.

“Como alguien que trabaja en un tema que desafortunadamente se ve impulsado por los ciclos noticiosos”, dijo, “hace que sea más difícil intentar dirigir la atención”.

Los tiroteos más atroces alguna vez dominaron las noticias televisivas durante días. “Ahora”, dijo Murphy, “no parece que haya un espacio mayor a 24 horas para cualquier noticia”.

Desde luego, Trump no dirige ninguna de las televisoras ni los diarios, aunque así lo quisiera a veces, y los medios noticiosos han recibido sus propias críticas. Ir tras la manguera contra incendios en los sucesos de la Casa Blanca se ha vuelto un ejercicio casi constante en el juicio noticiosos, con resultados mixtos.

No todas las publicaciones incendiarias de Twitter requieren atención masiva. No todas las escaramuzas del Ejecutivo necesitan un árbitro en cada canal.

“Trump es tan desconcertante para todos que nos está volviendo locos”, dijo Peter Hamby, dirigente de noticias en Snapchat. “Hay muchísimas noticias atractivas, dementes y lascivas que ocurren todos los días. Pero creo que hay una obligación de darle seguimiento a lo más sustancioso”.

Nadie está diciendo que la misión sea sencilla. Incluso Brokaw, un decano de la transmisión fundamental de noticias, concedió que la producción constante de noticias de Trump a diario es “importante, y hay una cualidad shakespeariana al respecto”.

Negrin, de The Daily Show, ha ido tras el arte del manejo de las redes sociales para combatir esta época con la esperanza de atacar un solo tema elusivo. Su control de Twitter incluye el número de días que han pasado desde que Trump prometió esclarecer su postura en cuanto a Hezbolá dentro de 24 horas, una promesa, como muchas declaraciones presidenciales de importantes consecuencias, que en su mayor parte pasó desapercibida en el típico torbellino del momento.

Eso fue en julio.

Negrin ofreció dos predicciones para el año nuevo: es poco probable que Trump establezca una postura en cuanto a Hezbolá pronto.

Además: “El 2018 será diez veces peor”.

The New York Times 2017.

 

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