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El año nuevo

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Para quienes vivimos en el ecuador el paso del tiempo no viene dado, como en los países de los trópicos, por las estaciones climáticas, sino por el cambio en el calendario.

El otoño marca, para las tierras de los hemisferios norte y sur del planeta —con el ensombrecimiento del sol y la caída de las hojas de los árboles—, el cambio de estación que abre un nuevo periplo para estos pueblos. La geografía ha impuesto para los países del ecuador, en cambio, una tesitura uniforme en los días, un paso homogéneo y casi imperceptible del tiempo que nos ha obligado a buscar, no en la naturaleza sino en la cosmogonía, los ineluctables cambios del cosmos y de sus seres. Nos ha obligado a mirarnos en el océano infinito del cielo para constatar que los de ayer no somos los mismos; y esa estrella en la lontananza, ese planeta en su quieta mudez, esa constelación en la terquedad de su traza, pero en su acompasado desplazamiento, no nos dejan mentir.

En una parte y otra del universo, sin embargo, el cambio es semejante: el correr de los días, las horas azules, el caer de la tarde, los corazones anhelantes, las estrellas fugaces y el paso del tiempo, con su incesante alejarse de la niñez, que siempre añade nostalgia.

Hoy, sin embargo, nunca como antes —como desde hace un siglo, digamos, desde la aparición de la llamada peste española en 1918— el año nuevo había supuesto una tan anhelada promesa de cambio y una tan esperada promesa de felicidad. El anuncio de la vacuna, su llegada —no tan inminente en Colombia, como, por otra parte, era de esperarse— ha supuesto una luz de esperanza para tantos que se han recluido en sus casas, para quienes vieron mudadas sus vidas y sus obstinadas rutinas. Y ese anuncio y ese comienzo de la vacuna coincidió para muchos países del mundo —Colombia no, claro; Colombia, cauto como siempre, observa en la retaguardia— con el año nuevo, brindando esperanzas de cambio y de retorno a la normalidad, o casi.

Este cambio y esta promesa pondrán fin, tal vez, al encierro que para tantos ha supuesto aislamiento y silencio y soledad. Pondrán fin a este tan gran paréntesis que para muchos fue el año que terminó. Y permitirá volver a los viejos proyectos y a los grandes empeños…

Feliz año.

Ojalá.

@D_Zuloaga, atalaya.espectador@gmail.com

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