El año viejo

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“En un año hemos logrado la mayor reducción del déficit fiscal desde que existe la regla fiscal y para el 2019 terminaremos con un superávit fiscal primario de 0,6 % del PIB”, declaró entusiasta el presidente Iván Duque ante 600 empresarios en Barranquilla en septiembre pasado. El déficit primario se contabiliza sin incluir los intereses de la deuda pública. Aunque no se tienen datos actualizados, en 2018 se abonaron $27,5 billones de intereses y hasta la mitad de 2019 otros $14,6 billones, que extrapolados nos dan 3 % del PIB para el año completo. El faltante de impuestos va a tener que llenarse con una deuda cada vez más grande. No es como para dar grititos de entusiasmo.

La ley de crecimiento fue una reforma tributaria regresiva que va a agravar el déficit fiscal a partir de 2020, al reducir las tarifas de renta de las empresas, reducir el IVA y entregar prebendas a empresas amigas del Centro Democrático. Según el representante de la calificadora de riesgo Fitch Ratings, se trata de varias malas ideas, porque al Gobierno no le sobra la plata, sino que le falta, y bastante. Son costosos en especial el descuento de IVA en la adquisición de bienes de capital y la exención de IVA durante tres días. Además, afirma que para cumplir con la meta de déficit fiscal proyectada en 2,2 % del PIB, el Gobierno ha preparado algunas desinversiones, y que está a la espera de recaudar ingresos de los dividendos provenientes de Ecopetrol, lo cual, para la calificadora, no representa una mejora estructural en las finanzas públicas. De hecho, el Gobierno finca sus esperanzas en mejorar el recaudo tributario en $8 billones por la mayor eficiencia de la DIAN, que es la promesa perpetua que se hacen todas las administraciones, y presiona al Banco de la República para que genere más utilidades.

La razón para que estas proyecciones sean inciertas es que las perspectivas del petróleo se han venido deteriorando con la ralentización de la economía china, las guerras comerciales de Donald Trump y la epidemia de coronavirus. Colombia produjo 886.000 barriles diarios de petróleo en 2019, por debajo del nivel de más de un millón de barriles obtenido en 2015. El descenso de precios va a afectar el balance de Ecopetrol y lo obligará a entregar menos dividendos a sus accionistas, incluyendo a la nación.

La pregunta que nos hacemos muchos es si a la economía colombiana le va tan bien, ¿por qué se ha deteriorado tanto el mercado laboral? Lo más evidente es la caída del sector de la construcción, que presenta grandes inventarios de viviendas y oficinas sin vender y cayó 2,6 % —curiosidad: ¿de dónde sale tanta plata que se invierte en el negocio inmobiliario?—; el lento crecimiento de la industria, que fue de solo 1,7 % año corrido a noviembre de 2019, y el también mediocre crecimiento de la agricultura de 2,3 % en el tercer semestre del año. ANIF argumenta que el desempleo es resultado del aumento del salario mínimo, pero el costo de la mano de obra no es fundamental cuando hay demanda por la producción, que parece ser el problema de fondo. Existe también la mayor oferta de trabajo de la diáspora venezolana, que tuvo cierto impacto en el mercado laboral, despertando el resentimiento de algunos sectores locales.

Más importante es el déficit comercial del país con el resto del mundo de US$12.500 millones, 4,3 % del PIB, ya que las importaciones compiten contra las ventas tanto de la industria como de la agricultura. Son los desequilibrios macroeconómicos, Alberto.

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