Por: Cecilia Orozco Tascón

El 'anónimo' más poderoso del país

El 26 de junio de 2007, el magistrado Augusto Ibáñez fue elegido en la Corte Suprema casi por unanimidad, con 19 de 21 votos posibles.

A pesar de que ya han pasado 4 años, a un ‘anónimo’ le dio ahora por denunciar ese hecho ante la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes. Casualmente, la queja llegó horas después de que Álvaro Uribe trinara de la ira en Twitter contra Germán Vargas Lleras, de quien asegura que fue el padrino de Ibáñez ante la Corte. Vargas, afirma Uribe, tiene indagaciones en el alto tribunal por presuntos nexos con jefes paramilitares. Sugiere que no avanzan y se pregunta si Ibáñez se declaró impedido de investigar a quien lo hizo seleccionar en Sala Plena. Enseguida se presentó otra casualidad: el vocero de la Comisión, compuesta en su mayoría por miembros del partido de Uribe, informa a la opinión que este organismo acoge el ‘anónimo’ y que le abrirá proceso a Ibáñez.

No dijo por cuál motivo. Puede ser por haber sido elegido, o por dejarse elegir. Tal vez, por engavetar los procesos contra Vargas Lleras, o por todos los anteriores. Tampoco reveló si la Comisión investigará a los 19 magistrados que votaron por Ibáñez o si sólo a los 9 miembros de la Sala Penal que se habrían concertado con él para delinquir, evadiendo su deber de juzgar a Vargas. Mucho menos contó cómo hará la Comisión para saber la identidad de los dos magistrados que no apoyaron a Ibáñez con el fin de excluirlos del caso, puesto que el voto en la Corte Suprema es secreto. Y lo más importante, no señaló si, previo al diligente anuncio, alguien se tomó el trabajo de averiguar si hay investigaciones por parapolítica contra Vargas en la Corte, imagina uno que en sus tiempos de parlamentario porque hoy no tiene fuero, para no hacer el oso parándole bolas a un reclamo sin fundamentos.

Pues bien, todo indica que no hay averiguaciones contra Vargas. Una cosa son las versiones y otra, su concreción ante la justicia. Pero no le demos más vueltas al asunto: el país está enterado de que Uribe considera a Vargas en el campo político, y a Ibáñez en el judicial, sus peores enemigos, no obstante que el ministro del Interior fue uno de sus fuertes aliados. Más consistente es el odio del expresidente contra el magistrado y contra la Corte que él representó cuando Uribe tenía arrodillada a la nación, menos a los jueces, a los pocos miembros de la oposición y a una pequeña porción de la prensa.

Para entender en contexto la inquina de Uribe contra Ibáñez, hay que recordar que la elección de éste se produjo el año en que empezaba a condenarse a decenas de congresistas de la coalición del jefe de Estado, por parapolítica, entre ellos su primo Mario Uribe. El exmandatario nunca disimuló su rabia con el presidente de la corporación de 2007, César Julio Valencia Copete, ni con la Sala Penal a la que pertenece Ibáñez. Igual resquemor sufrió el antecesor de Valencia en la presidencia del alto tribunal, el también miembro de la Sala Penal Yesid Ramírez, a quien le tocó defenderse de las imputaciones que la Casa de Nariño le hizo. A propósito, la misma Comisión de Acusación profirió auto inhibitorio a favor de Ramírez por la denuncia de enriquecimiento ilícito que otro ‘anónimo’ puso contra él en esa tormentosa era. En 2007 no lo sabíamos, pero ya estaba ejecutándose el plan para exterminar la fama de la Corte que hoy conocemos como las “chuzadas” del DAS. El 2008 fue de descubrimientos periodísticos sobre el espionaje ilegal y en 2009 Augusto Ibáñez fue elegido nuevo presidente de la corporación desde donde mantuvo, a costa aún de su seguridad personal cuyas serias dificultades persisten, la respetabilidad de la justicia colombiana. Esto es lo que intentan cobrarle ahora los ‘anónimos’ más poderosos del país.

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Cecilia Orozco Tascón

La identidad del presidente, a prueba

Papel de los periodistas en las crisis del poder

Llegan los vengadores