Por: Mauricio Botero Caicedo

El anverso de la moneda

Para el autor de esta nota el recientemente aprobado TLC con EE.UU. es importante y positivo.

No es, sin embargo, el tratado más importante que hemos firmado en nuestra historia ni es, como sostiene la izquierda, entrega absoluta de la soberanía. Siendo un paso adelante en el comercio bilateral, hay asimetrías en lo laboral y lo agropecuario.

En reciente artículo, el notable economista Jagdish N. Bhagwati (The New York Times, 25/06/11) hace una juiciosa crítica de los tratados de comercio bilaterales. Para Bhagwati los TLC no se pueden confundir con el libre comercio, ya que por regla general una de las partes, generalmente la más fuerte, suele imponer condiciones asimétricas sobre la otra. Y estas condiciones las dictan —utilizando lobbies que actúan a favor de los intereses políticos y comerciales de sus representados— tanto los grupos de presión empresarial como los sindicatos. En el caso concreto del TLC con Colombia, los sindicatos estadounidenses lograron imponernos condiciones laborales que ni siquiera se aplican en EE.UU.. Poniendo énfasis en la asimetría, Bhagwati cita como ejemplo que en los TLC con Chile y Singapur, Wall Street logró eliminar toda restricción a los movimientos de capital, a pesar de que aun el Fondo Monetario Internacional recomienda estas restricciones en casos extremos de crisis cambiarias. La parte más grave, señala el economista indio, es que los más fuertes se dan el lujo de imponer las reformas laborales y las restricciones a los más débiles, ya que India o Brasil, países bastante más poderosos que Colombia y Chile, no tienen por qué aceptar limitaciones a su autonomía. Colombia hoy está sufriendo la presión de un puñado de fabricantes de automóviles en Europa cuyos lobbistas exigen que Europa se abstenga de firmar el TLC si nuestro país —contrariando los intereses de estos fabricantes— insiste en establecer una política energética autónoma.

Bhagwati considera que, siendo un paso adelante en el camino a incrementar el comercio, el aspecto menos afortunado de los TLC es que debilitan los convenios multilaterales, como la ronda de Doha que promueve la Organización Mundial del Comercio, OMC, y que busca el libre comercio global. Los poderosos como EE.UU., Japón, en cierta forma China y la Comunidad Europea prefieren los tratados bilaterales por dos razones: la primera es abrirle una válvula de escape a los intereses particulares que exigen condiciones favorables frente a los países más débiles; y la segunda es que los TLC les permiten mantener intactos sus enormes subsidios, principalmente en el campo agropecuario.

Dicho lo anterior, coincido con el exministro Alberto Carrasquilla en reciente entrevista (El Tiempo, 18/10/11): “Los consumidores serán los grandes ganadores con el TLC”. Siendo el TLC con EE.UU. un avance, deja un sabor amargo que mientras los agricultores y ganaderos colombianos se verán obligados a hacer cambios y reformas sustanciales para poder competir, sus colegas del norte mantienen intactos sus subsidios y buena parte de sus estructuras proteccionistas. ¡Esa es la realidad!

Apostilla 1: según reciente denuncia de la revista Dinero (14/10/11) opera con alevosía un grupo de jueces y abogados que están convirtiendo los embargos a los presupuestos de la salud, las regalías y otros recursos públicos en fuente y botín para su enriquecimiento personal. Ojalá la reforma judicial sea suficiente para ponerle freno a esta vagabundería.

Apostilla 2: otra vagabundería a la que hay que ponerle freno es seguir otorgando títulos mineros a personas cuyo único objetivo es negociarlos con terceros. O se demuestra capacidad técnica y financiera de hacer la explotación directa, o no se otorgan licencias, ¡punto!

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