Iván Duque: así fue su histórico triunfo en las elecciones presidenciales

hace 39 mins
Por: Luis Carlos Vélez

El apagón de gobierno en EE.UU. y Colombia

¿Se imagina un escenario en el que la pelea de ideas políticas sea tan intensa que paralice el gobierno? ¿En el que los ideales de los partidos sean más fuertes que los intereses particulares de sus miembros?

Eso fue precisamente lo que se vivió en el Congreso de Estados Unidos en las últimas tres semanas. Las diferencias conceptuales acerca de cómo se debe manejar una nación llevaron a que demócratas y republicanos se enfrentaran, y como resultado de esto se generara un apagón gubernamental que duró 16 días.

En el fondo de la pelea estaba la oposición republicana al plan de salud patrocinado por el presidente Barack Obama, conocido como Obamacare. Los republicanos se negaron a aprobar el presupuesto gubernamental hasta que se modificara esta reforma.

Fueron dos semanas de apagón estatal que dejaron más de US$24.000 millones en pérdidas, mientras cientos de miles de trabajadores del Gobierno no pudieron cumplir sus labores porque el Estado no tenía cómo pagarles, ya que en el Legislativo no se le había dado luz verde al presupuesto estatal.

¿Se trató de una estrategia ganadora? Inicialmente no. Las encuestas sobre los actores en Washington muestran que hay un gran descontento frente a la manera como actuó el Partido Republicano, que a final de cuentas tuvo que dar su brazo a torcer y aprobó el presupuesto.

Sin embargo, una mirada al mediano plazo permite interpretar que se trató de un episodio positivo para la actual oposición. Los republicanos pusieron en jaque al Gobierno y se unieron en la defensa de un Estado pequeño, efectivo y no intervencionista. Es decir, se la jugaron por la protección de uno de sus postulados más fuertes de pensamiento como partido.

Para un país como Colombia esta es una gran lección, ya que a diario vemos cómo nuestros políticos abandonan sus colectividades, reúnen firmas para fundar partidos, venden sus votos en el Legislativo por notarías y otros puestos, y en general anteponen sus intereses particulares a los de su colectividad y, obviamente, a los de sus constituyentes.

En Colombia no hay partidos políticos sino coincidencias de intereses, lo que hace que la defensa de modelos sea inexistente y el proceso político se deforme en una pelea de caudillos que sólo responden a la pregunta típica colombiana conocida como CVY: ¿cómo voy yo ahí?

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