Por: Manuel Drezner

El apogeo de Vermeer

En el Museo de Historia del Arte de Viena se acaba de romper una curiosa marca, o récord, como dicen los angloparlantes.

Se suponía que el cuadro en un museo que más visitas recibía por día era la Mona Lisa en el Louvre, como lo atestiguan las muchedumbres que se aglomeran frente a esa obra, muchas veces ignorando otras maravillas que hay en ese museo. Pero ahora las colas multitudinarias están frente a un cuadro del museo vienés, el llamado El arte de la pintura, del holandés del siglo XVII Jan Vermeer. Esta exquisita obra, una entre la treintena que es el único legado que se conoce del gran artista, fue hecha como una especie de publicidad de su capacidad y tenía como objeto mostrarla a posibles clientes que llegaban a que les pintaran un cuadro. Por eso no la quiso vender en vida, pero a su muerte se la arrebataron a su viuda y por muchos años el destino de ese cuadro fue un misterio. Apareció a fines del siglo XIX, en manos de una rica familia austriaca que la había comprado a un mercader sin saber de qué tesoro se trataba. Un miembro calavera de esa familia cometió el inmenso pecado, años después, de venderlo a nadie menos que a Hitler, para poder financiar sus bacanales. Al final de la Segunda Guerra Mundial, el cuadro entró a ser parte de los tesoros del Estado austriaco y un intento de la familia de recuperarlo acabó con un fallo judicial que dijo que la obra no había sido confiscada sino vendida voluntariamente y que la propiedad en los museos vieneses era legal.

Entonces se decidió hacer una exhibición alrededor de esta obra maestra y el resultado fue el anotado, de muchedumbres que hacen largas colas para poder apreciar ese bello homenaje a la pintura al lado de obras similares, incluso otras de Vermeer y además algunas de las falsificaciones que un vivo holandés hizo durante la guerra con el propósito de venderlas a los nazis.

La verdad es que Vermeer es considerado hoy día como uno de los grandes pintores de la historia, a la altura de Rembrandt o de Hals, sus contemporáneos. El que haya sucedido la tragedia artística de que una inmensa parte de su producción se haya perdido, hace que los treinta y pico de cuadros que se conocen de él sean tesoros únicos y eso explica el éxito que ha tenido la exposición en el Museo de Viena. Vermeer, del cual apenas se hablaba en las historias del arte escritas no hace mucho, ha entrado en un apogeo que los historiadores de la pintura consideran como algo más que merecido y que estaba en moras de acaecer.

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