Por: Ramiro Bejarano Guzmán

El arrepentido

No ha habido una sola declaración de las muchas que le he oído a J.J. Rendón, ese temible asesor político que nos dejó de herencia el uribismo, que no suscite asombro.

Hace unos meses con gran desparpajo J.J. sostuvo en una entrevista que “eso de la ética era para los filósofos”, sentencia desafortunada, que no ha podido aclarar a pesar de sus enfurecidas réplicas a quienes se han atrevido a criticarlo.

Este venezolano ha venido ejecutando una clara estrategia de intimidación a comunicadores, enredándolos judicialmente cada vez que a alguno se le ocurre censurar sus métodos para ganar elecciones. De esa lista de demandados hacen parte medios hablados y escritos, periodistas, columnistas, y alguien me asegura que hasta yo mismo he sido honrado con una demanda en los Estados Unidos, de la que no he sido notificado, lo cual por supuesto ni me intimida, ni podrá silenciarme. Curioso que J.J trabaje en Colombia, pero no se atreva a litigar aquí sino en la Florida, porque debe creer que así fastidia más. Por cuenta de esas querellas y obviamente rindiéndole culto a la pedorrería del jet set bogotano, ha conseguido que, a través de almuerzos, lo acepten socialmente quienes lo repudiaban y hasta recomienden amistarse con él, aunque en la intimidad se burlen de sus exóticas fachas. Pensándolo bien, suscita lástima J.J., porque todavía le falta conocer como es esta sociafílica criolla, pues ahora que perdió el invicto como arrogante asesor político, muy pronto le darán la espalda los lagartos que lo adulaban por miedo o por arribismo.

Retomemos el hilo de lo que me propongo opinar. Insólitamente J.J. se declaró arrepentido, pero no del mal que le ha hecho a las costumbres políticas de este país, introduciendo malas mañas en la publicidad de las campañas electorales, sino “de no haber hecho campaña negativa en Bogotá”.

Y peor todavía, Rendón declaró sin ambages que no lo dejaron sacar todo el arsenal negro que tiene contra el alcalde Petro, y se dolió de que “pagamos caro el experimento de no hacer nada negativo”. Es un insulto y una amenaza imperdonable que un asesor político derrotado ponga en duda la honorabilidad de quien acaba de ganar las elecciones. Él tiene derecho a que no le guste Petro —el que no le reconocen en su país a nadie que se atreva a criticar al dictador Chávez—, pero no a manchar la honra de un hombre público, respecto del cual admite cínicamente tenerle “muchos elementos” que se abstuvo de utilizar.

No creo que Rendón se hubiese abstenido en esta ocasión de ejecutar sus odiosas campañas negativas, como al parecer tampoco lo cree Gina, a quien en el discurso en el que reconoció gallardamente su derrota, dejó entrever su molestia cuando hizo referencia a que en su entorno sí no hubo guerra sucia contra nadie. Algo quiso decir la Parody, que a muchos nos quedó absolutamente claro.

La verdad es que Peñalosa en Bogotá, Martha Pinto en Bucaramanga y Luis Pérez en Medellín, además de que fueron derrotados —no obstante que la firma encuestadora Datexco incurrió en la irresponsabilidad de ponerlos de punteros en algún momento, cuando nunca lo fueron— tienen en común que J.J. Rendón los asesoró. Y da la casualidad que al menos en dos de esas ciudades, algunos de los oponentes enfrentados a los candidatos asesorados por este publicista se quejaron de que a la mitad de la noche alguien imitando sus voces llamaba a las gentes promoviendo sus nombres, lo que por supuesto no despierta adhesiones sino furia.

Ojalá los analistas que triunfaron le enseñaran a J.J. Rendón que sí es posible ganar en política sin acudir a la “campaña negativa”. Es probable que nunca aprenda, porque árbol que nace torcido, jamás se endereza.

Adenda. Ahora que Álvaro Uribe Vélez es declarado opositor al Gobierno y lo han traicionado quienes le cargaban su maletín de rencores, quiera Dios que no lo espíen, ni chucen, ni le monten expedientes falsos.

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