Por: Hugo Sabogal

El arribo de Huneeus

Hace exactamente diez años que el nombre de Agustín Huneeus había ido a parar a mi cajón de “asuntos pendientes”. Pero de una cosa estaba seguro: que, tarde o temprano, me lo encontraría de nuevo.

Hasta 2001, y quizás por tener mi base de operaciones en Chile, la figura de Huneeus se me cruzaba a cada paso. La razón era sencilla: Huneeus había sido el responsable de llevar a Chile al pináculo de las exportaciones de vino en el mundo, lo que justamente constituía uno de los temas centrales de mi trabajo como periodista encargado de cubrir el sector vitivinícola austral para la revista AméricaEconomía, con sede en Santiago.

Y aunque, durante la última década, las hazañas empresariales de Huneeus aparecían como fogonazos de flash en mis lecturas sobre los negocios globales del vino, sólo fue hasta hace unos días que su trayectoria volvió a ocupar mi atención cuando me enteré que los vinos de la chilena Viña Veramonte, una de sus propiedades más importantes, estaban ganando terreno en los mercados latinoamericanos, y se aprestaban a debutar oficialmente en el Colombia. “Ya era hora”, pensé para mis adentros.

Porque Veramonte, si bien produce vinos en volúmenes significativos, nunca ha abandonado la ruta de reflejar en cada botella el terruño donde nacen y las manos que los crían, lo cual no deja de ser un emprendimiento arriesgado y costoso, dado que su precio de venta al público resulta muy asequible. Pero a Huneeus le ha funcionado, y el mercado se lo agradece. En honor a la verdad, las once etiquetas de Veramonte representan una de las más interesantes ofertas de valor que se comercializan en la actualidad.

Volveré a los vinos de Veramonte en un instante. Antes, sin embargo, quisiera acercarlos a la figura de este hombre, quien, a sus 77 años, es calificado por el diario The New York Times como un viñatero “al que no puede perdérsele de vista”.

Desde la última vez que lo entrevisté, en Santiago, en 2001, Huneeus ha adquirido nuevas bodegas en Chile y Estados Unidos, y ha consolidado su posición de liderazgo en la difícil escena de los vinos californianos. Tras vender Franciscan Vineyards, creó y compró célebres marcas como Quintessa, Faust, Flowers y Prisioners, entre otras.

A diferencia de un Aurelio Montes, por ejemplo, quien diseña y elabora sus propios caldos, Huneeus no maneja los asuntos de elaboración, sino que interpreta los cambiantes gustos del consumidor para nunca marchar en sentido contrario a las tendencias. Es, por esencia, un intérprete y un estratega.
Hijo de un magnate de la pesca chileno, Huneeus creció en un hogar de grandes figuras empresariales. A los 23 años empleó sus propios recursos para comprar la mayoría de acciones de Concha y Toro, que, por entonces, estaba al borde de la quiebra. Después de once años de gestión, la convirtió en la principal empresa exportadora de vinos de su país. Abandonó Chile tras la llegada al poder de Salvador Allende, y cruzó la cordillera de Los Andes para manejar, desde Argentina, las operaciones de la extinta Seagram, uno de los grupos de bebidas más influyentes de la historia. Luego se encargó de manejar las operaciones globales de vino de este gigante (16 bodegas), y las pasó de ineficientes a rentables.

Tras retirarse de Seagram, a mediados de los 80, Huneeus decidió quedarse a vivir en California. A principios de los 90 regresó a Chile para fundar Veramonte, en el Valle de Casablanca.

Junto con el enólogo Pablo Morandé, Huneeus fue uno de los promotores de dicha zona, convertida hoy en la meca de los vinos blancos y tintos ligeros de Chile, y en una de las regiones de mayor trascendencia en el mundo.

Veramonte está situada a la salida del segundo túnel, sobre la carretera que conduce de Santiago a Viña del Mar. La bodega posee viñedos propios, que Huneeus y su equipo han debido adaptar al clima, suelo y topografía de la región hasta dedicarse, casi exclusivamente, a la producción de Sauvignon Blanc, Chardonnay, Pinot Noir y Merlot. Y aunque en el portafolio de Veramonte figuran Carménère, Cabernet Sauvignon y algo de Syrah, estas variedades se cultivan en el caluroso Valle de Colchagua y en su subzona de Apalta, donde las condiciones son más favorables para las cepas tintas de estructura.

Estoy seguro que los vinos de Veramonte marcarán territorio en estos nuevos mercados americanos –en particular el colombiano– y confirmarán, una vez más, los atributos ganadores de que gozan las creaciones de Huneeus en el mundo. Como dice The New York Times, a este brillante decano del vino chileno no podrá perdérsele nuevamente de vista.

Ventanas

Los vinos de Veramonte
Las líneas de esta bodega chilena incluyen un grupo de vinos Reserva (Sauvignon Blanc, Chardonnay, Rosé, Pinot Noir y Merlot), un ejemplar de Ritual (Pinot Noir) y un Primus (mezcla de Cabernet Sauvignon, Carménère, Merlot y Syrah). El Chardonnay Reserva es el vino chileno más vendido en territorio norteamericano. Todas estas etiquetas, sin excepción, han sido calificadas con altas puntuaciones en los principales concursos y publicaciones del mundo.

Igualmente, Huneeus ha conformado una alianza estratégica con el bodeguero argentino Carlos Pulenta, de Bodega Vistalba, para elaborar el Malbec Cruz Andina, un éxito de ventas en Estados Unidos.

Impresional el Sauvignon Blanc –por su frescura y exhuberancia aromática–, el Pinot Noir –por su originalidad, complejidad y firmeza– y el Primus, por su contundente elegancia.

*El nuevo representante de Veramonte en Colombia es la firma ProMos Ltda.

 

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