Por: Oscar Guardiola-Rivera

El arte de la guerra

¿Cómo entender mejor la postura que enfrenta a Corea del Norte y a los Estados Unidos a la posibilidad real de un enfrentamiento cuyo resultado no es posible comprender o contener por anticipado? El filósofo latinoamericano Enrique Dussel cita en alguna parte al clásico de clásicos El arte de la guerra, de Sun Tzu, cuando éste explica que “el guerrero más capaz es aquel que contempla la victoria mediante el estudio del potencial estratégico de sus aliados y enemigos”.

Según Dussel, debemos entender por potencial estratégico la estructura práctica que confronta a un actor político en una situación concreta. Se trata de la fortaleza y recursos de todos los aliados y enemigos que dicho actor debería medir con el fin de saber cómo utilizarla para conseguir el objetivo deseado. Hasta aquí todo parecería reducirse a una mera cuestión de medios y fines, costos y beneficios, y cómo manejarlos de la mejor manera; es decir, de un ejercicio de la razón instrumental acompañada de la moderación, la medida y la temperancia. Pero luego Dussel añade una frase que perturba esa escena de continua deliberación y calma: “Es más efectivo no hacer nada”.

¿No hacer nada frente a alguien como Kim Jong-un? ¿Qué los coreanos permanezcan quietos mientras Trump amenaza destruirlos con “una lluvia de fuego como la historia no ha visto jamás”?

Tendrían que ser ángeles o estúpidos. La implicación de su dicho sobre la nulidad de la deliberación en una coyuntura repleta de expresiones es que, tratándose de una coyuntura histórica, aquello que damos por supuesto y evidente, producto del consenso progresivo, o que asumimos como una medida de valor previo, se muestra en verdad poco perdurable. No hay un contexto de todos los contextos desde el cual sea posible observar todas la fortalezas y debilidades de todos los actores implicados como en una tabla, compararlos, medirlos y hasta darles un valor numérico no accidental que nos permita leerlos como parte de una serie coherente, repetible y predecible.

Ese proceso deliberativo, útil como pueda ser, resulta nulo a la hora de establecer el resultado o el precio de antemano. Así que es necesario actuar. ¿Cómo? Corea parece estimar que la postura y mayor capacidad violenta es el único lenguaje que llama la atención de los Estados Unidos. Por eso persigue acumular armas nucleares y escala su amenazas. Trump reacciona estimando un enfrentamiento en el que los riesgos sean minoritarios y asumidos por unos cuantos allá lejos. La respuesta está en comprender que ambos se complementan y se equivocan: si las posibilidades de riesgo nos competen a todos hay que diseñar un sistema de relaciones internacionales en el que todos por igual, no sólo uno o unos cuantos, se otorguen el privilegio de hablar y decidir por todos.

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