Por: Pablo Felipe Robledo

El arte de mentir

“Calumniad, calumniad, que de la calumnia algo queda”, es una famosa frase que la historia de la literatura le ha atribuido a Francis Bacon, Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais (El barbero de Sevilla), Rossini, Voltaire y otros, pero que bien puede atribuírsele a Álvaro Uribe, Gustavo Petro y Claudia López, por la maestría como la ejecutan al pie de la letra.

Esta perversa estrategia, pero cierta y certera, no es otra cosa que el arte de mentir. Día tras día se ha venido posicionando con fuerza en la manera de hacer política y ganar elecciones, tanto en Colombia como en países con democracias más desarrolladas.

Mintieron descaradamente, por citar solo unos pocos casos, los políticos de la campaña del brexit, los de la de Trump y los del No en el plebiscito por la paz, con el propósito de que ingleses, gringos y colombianos votáramos “emberracados”. También lo hicieron en la pasada campaña presidencial tres de los más grandes expertos en el arte de mentir: Uribe (Duque), Petro y Claudia López, maestros en descontextualizar, decir medias verdades, sumar peras con manzanas, inventar cifras y usar fotos falsas para ilustrar lo que dicen. Son mentirosos profesionales; sofistas, dirían los más cultos.

Los políticos mienten porque a partir de la falacia construyen fácilmente un discurso taquillero para destruir a quien hay que criticar. Saben que no hay nada más difícil de ripostar que a un mentiroso compulsivo. Mientras el mentiroso compulsivo jamás se cansa de mentir (le nace de las entrañas), la víctima sí se fatiga, se aburre de desvirtuar y se cansa, incluso, de tutelar su propia honra.

Los mentirosos sistemáticos y enfermizos como Uribe, Petro y López, a quienes los han condenado en varias tutelas, no dejan jamás de mentir como estrategia política, pues saben que primero cae un mentiroso que un cojo, pero también que primero se cansa el calumniado de defenderse que el mentiroso de inventar. Al final, este también sabe que, si por alguna razón le toca rectificar, hay ahí una nueva oportunidad para revictimizar.

Mentir siempre ha sido éticamente perverso, pero efectivo políticamente. En los actuales tiempos de inmediatez en las comunicaciones, masificación de la información, redes sociales, inteligencia artificial, algoritmos y perversidades como Cambridge Analytica para poner a la gente a votar “emberracada”, se hace necesario que los políticos cambien su forma de hacer política, de transmitir sus mensajes.

Si la mentira sigue siendo un instrumento idóneo para hacer política, solo quedará el desprestigio de la dirigencia seria y el camino estará despejado para que sigan gobernando los populistas, extremistas y “payasos” (de derecha y de izquierda), que son quienes acuden constantemente a la mentira como método de convicción, ávidos de fanáticos que les crean a ciegas y que los lleven al poder.

La democracia da a los pueblos los gobernantes que se merecen. En los votantes está el poder de que gobierne la gente seria y preparada, no los expertos en el arte de mentir. Este octubre es un buen mes para empezar a cambiar.

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2019-10-09T00:00:06-05:00

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