Por: Columnista invitado

El arte en la canasta familiar

Por: Alberto López de Mesa*

Le escuché decir a un titiritero y a una cantautora que, en la provincia de Buenos Aires, Argentina, se puede vivir de su oficio, gracias a que allí existe, desde los tiempos del expresidente Juan Domingo Perón, una ley que exige a las escuelas y colegios ofrecer al alumnado espectáculos artísticos, mínimo dos veces al semestre. Ya está interiorizado por el magisterio como un insumo pedagógico imprescindible para la formación íntegra del ser.

En Colombia, los creadores de espectáculos que tienen como público objetivo a niños y jóvenes, les toca hacer maromas empíricas de difusión y mercadeo para que sus ofertas artísticas sean acogidas por las instituciones educativas, que por lo general ya tienen resuelta su oferta cultural con las bandas de guerra, un grupo de danza folclórica y las izadas de bandera, donde la calidad de las muestras artísticas depende del talento y de la buena fe del profesor de artes. Hace rato que la infraestructura cultural en la mayoría de los colegios del país está asociada a canchas deportivas. Y los que poseen un auditorio o un teatro lo usan con regularidad para actividades comunitarias y en provincia para eventos políticos.

Hice una encuesta personal, entre conocidos que ofician como directivos y funcionarios de la cultura, para saber cuántos tenían como hábito invertir parte de su sueldo en comprar una obra literaria o asistir en familia a un espectáculo artístico. La estadística es decepcionante: nos falta educación para que algún día el arte y la cultura forme parte de la canasta familiar.

Con este panorama, resulta comprensible que mamás o papás de nuestra clase media se pongan pálidos cuando un hijo al terminar el bachillerato les dice que quiere ser artista. Los más liberales se resignan al albedrió para no sentirse participes de una frustración, pero la mayoría no escatima argumentos para hacerlos desistir de una “profesión incierta”.

Vale decir que en el arte también existen élites y artistas favorecidos del mercado. Los monopolios de las comunicaciones, las grandes editoriales, la industria del espectáculo y las galerías de renombre necesitan tener figuras de éxito porque con ellas también posicionan su producto, su marca. Así, muchas veces, la percepción es manipulada. Si las emisoras posicionan el reguetón, ese será el gusto generalizado en la música; en las librerías, los best seller, y en el teatro, la farándula de la tele…

Lo preocupante es que si el arte no es prioritario en la educación, menos lo será en los planes de desarrollo.

*Alberto López de Mesa, arquitecto y ex habitante de calle

Buscar columnista