Por: José Fernando Isaza

El arte precede la ciencia

LOS POETAS, LOS PENSADORES Y los místicos describen, con anticipación, fenómenos naturales o de estados de la mente con niveles de comprensión que envidiarían los científicos. En palabras de Einstein “El arte es la expresión de los más profundos pensamientos por el camino más sencillo”.

La discusión ente los teístas y los ateos sobre el libre albedrío la expresa Borges en su poema Ajedrez:

“…No saben que la mano señalada/ del jugador gobierna su destino,/ no saben que un rigor adamantino/ sujeta su albedrío y su jornada…/ Dios mueve el jugador y éste la pieza./ ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza/ de polvo y tiempo y sueño y agonías?”.

La cosmología plantea que el tiempo se crea simultáneamente con el espacio, que no hay un antes del Big Bang. Siglos antes San Agustín lo expuso así: el fluir del tiempo está relacionado con los cambios de separación de los objetos en movimiento; por lo tanto, si no hay espacio no hay objeto y el concepto de tiempo carece de significado.

La teoría de la relatividad permite explicar cómo se puede reducir volumen del espacio y como transformar en un instante cualquier período por largo que sea. Años antes, William Blake describe el tránsito de lo finito a lo infinito.

“…En un grano de arena contemplar el mundo/ Y en una flor silvestre el cielo vislumbrar./ Sostener en la mano el infinito/ Y la eternidad en una hora condensar…”.

En la mitología griega, el tránsito al país de los muertos se hace en un lago subterráneo cuyo fondo es la tierra. No podía concebirse un lago sin fondo. El Dante, en el último infierno, situado en el centro de la tierra, encuentra que el demonio  está allí en un lago sin fondo, sostenido por una fuerza —la gravedad—. Sólo muchos siglos después los trabajos de Newton permiten explicar cómo un lago puede estar en equilibrio en el centro de un planeta frío. Es bueno recordar que en el Infierno de Dante el fuego no ocupa todo el espacio, y a medida que se avanza el frío y el hielo predominan, para castigar a los tristes.

La creación del universo, explicada en la teoría cuántica de campos, habla de rupturas de simetría, de oscilaciones cuánticas, de ajuste fino para explicar la homogeneidad del cosmos y la prevalencia de la materia sobre la antimateria, de la unificación inicial de las cuatro fuerzas fundamentales. El mito de la creación de los Hindúes lo relata, en la danza del dios Shiva Natajara: la creación y destrucción se manifiesta en movimientos giratorios, la creación nace al ritmo del tambor sostenido en la mano derecha que marca el origen del tiempo, la danza es la unión del espacio y el tiempo —al danzar rompe la simetría—. La mano derecha inferior se levanta como signo de protección, la izquierda superior sostiene la llama, símbolo de destrucción. Esta descripción evoca la creación y destrucción de partículas en el vacío físico.

En los primeros instantes del universo las condiciones de temperatura no permitían la existencia de partículas, sólo existía la radiación, la luz; quienes escribieron la Biblia coinciden en que “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz”.

El concepto de belleza y simetría permea la física y la matemática. John Von Newman lo expresa así: “El criterio matemático de selección y el que tiene más probabilidades de éxito es el estético”, evocando a Aristóteles, quien afirmó que quien no identifica ciencia y matemáticas con la belleza, no las comprende.

*Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano.

 

 

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