Por: Érika Diettes

El arte y la guerra

No es fácil tratar el tema de la guerra y el arte. Siempre hay un elemento que se olvida en esta discusión de si los artistas debemos o no representar la violencia, de si es ético o no estetizarla, y es el espectador.

Creo que allí hay un buen punto de discusión. Imagínense un mundo donde ningún artista o ningún fotógrafo registren la violencia. Eso no quiere decir que no ocurra, sólo quiere decir que no sabemos de ella, que no queda testimonio de lo que pasó. El teórico Georges Didi-Huberman tiene un libro que se llama Imágenes pese a toso. En éste habla de unas imágenes que fueron tomadas desde dentro de una cámara de gas hacia afuera y lo que resulta realmente interesante y trastocador, y tal vez desde donde tomo energía para seguir mi trabajo, es que él dice que dejar estas imágenes era básicamente “el último gesto de humanidad”, donde ya no había esperanza y donde ya no se sabía qué era ser humano. La imagen tenía una necesidad de emergencia (en el doble sentido, en el de emerger de las tinieblas y en el de emergencia relacionada con la tragedia).

Entonces, para volver al espectador, el problema no es que los artistas esteticemos la violencia, sino que no exista una reacción frente a ellas. Y ese es el reto mayor del artista en mi opinión: es lograr construir una obra en la que el espectador salga diferente, que piense que lo que acaba de ver frente a sus ojos es algo que no puede seguir tolerando. Aunque como bien dijo Hannah Arendt, “la rabia sólo surge cuando existe la posibilidad de un cambio real en la sociedad”, así que tal vez esta discusión de la molestia de algunos por el arte que representa y muestra la violencia tenga que ver más con el hecho de que no tenemos fe en que exista la posibilidad de un cambio social.

*Artista colombiana quien con sus muestras ‘Río Abajo’ y ‘Sudarios’ ha trabajado la violencia nacional y sus secuelas.

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