Por: Juan Carlos Ortiz

El ascensor

Dicen que todo lo que sube baja y para muchos puede ser una ley de la vida, pero sin duda también se puede convertir en una oportunidad muy atractiva para impactar.

Hace un tiempo una compañía de televisión satelital nos invitó a concursar creativamente por el negocio.

Su gran ventaja radicaba en que tenía más canales que la competencia. En pocas palabras, más canales, más entretenimiento. Sabíamos que éramos los últimos en presentar y por eso nos propusimos dar una estocada creativa para intentar cerrar con broche de oro, y obviamente quedarnos con el oro, o sea el negocio.

Los clientes llegaron a la oficina, un edificio de varios pisos. Los esperábamos en el lobby y entramos todos juntos al ascensor para ir al último piso, donde estratégicamente realizaríamos la presentación creativa.

El ascensor empezó a subir y se detuvo en un piso. Las puertas se abrieron y qué sorpresa se llevaron al ver que en vivo un grupo de mujeres en vestido de baño tomaban el sol en una playa al mejor estilo cinematográfico.

Las puertas se cerraron y el ascensor siguió subiendo a otro piso. Se abrió la puerta y apareció un reportero narrando en vivo una guerra desde un lugar selvático. Soldados corrían por todos lados y sonidos de balas y disparos aparecían por todas partes.

El ascensor siguió su transcurso y así piso a piso los íbamos sorprendiendo con nuevas representaciones en vivo y en directo. Cada piso simulaba la temática de un canal, deportes, acción, drama, documentales, comedia, infantiles. A medida que el ascensor subía, sus niveles de emoción también se incrementaban notoriamente y sus caras y gestos mutaban positivamente. Llegamos al último piso. Ahí nos bajamos todos, entramos a una sala y antes de comenzar la presentación de la campaña nos empezaron a aplaudir.

Habíamos logrado vender entretenimiento por medio de entretenimiento usando el ascensor como caja mágica de sorpresas.

Al terminar de presentar, bajamos en el ascensor directamente y sin escalas hasta la primera planta. Ahí se encontraban todos los personajes que habían actuado piso por piso esperándolos y despidiéndose.

Estaban en shock. Nos felicitaron y antes de irse nos entregaron el negocio.

Todo había salido perfecto, sincronizado y muy entretenido.

Ese día entendí claramente que todo lo que sube bien, baja bien.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan Carlos Ortiz