Sombrero de mago

El asesinato de Soleimani

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Aquellas regiones debían seguir siendo conocidas por Las mil y una noches, por otros cuentos persas, por las bibliotecas milenarias que ya no existen porque las destruyeron los ataques estadounidenses, por Zoroastro, pero el petróleo y la geopolítica las incendiaron hace tanto tiempo. Irán, Irak, el Golfo Pérsico, el Medio (o miedo) Oriente, los mercados, las invasiones, los ataques aéreos, marinos, terrestres… La tensión permanente. Una histórica tierra en la que se pueden leer las acciones del imperialismo y el sufrimiento de millones de civiles.

Y vuelve y juega. Trump, en campaña electoral y en trance de un impeachment (proceso de destitución), prende otra vez la región al ordenar el asesinato del general iraní Qasem Soleimani, el hombre más importante en asuntos estratégicos de Irán después del líder supremo Alí Jamenei. El viejo método de Washington de atacar, matar, invadir, de imponer a fuego y muerte sus criterios de expansión y dominio mundial, vuelve a la palestra, con el riesgo de que la zona se incendie más de lo que ha estado en los últimos tiempos.

Analistas han dicho que este ataque soterrado y criminal hace parte de la estrategia de Trump para su reelección. Seguro volverá, a la vieja usanza, con el discurso requemado de que los Estados Unidos son el emblema de la “libertad” y la “democracia”, entendidas estas como las formas diversas de imposiciones mediante bombardeos, golpes de Estado, violaciones de la soberanía de los países y otros métodos non-sanctos. Daniel Byman, investigador del Centro de Política Estadounidense en Oriente Medio del Instituto Brooking, conocido por sus arrebatos antiiraníes, cree que Trump y su equipo han “cometido una estupidez geoestratégica irreparable”.

De acuerdo con el observador, los iraníes no desdeñarán, “ni a cambio de todo el oro del mundo”, acciones para vengar el crimen del general Soleimani. “Estados Unidos pagará cara la muerte de Soleimani, pero nadie sabe todavía dónde, cuándo y cómo pagará el precio de lo que ha hecho”, agregó Byman en un artículo publicado en el sitio Vox. “La muerte de Soleimani podría ser una victoria hueca y de corta duración o, peor aún, una derrota disfrazada”, dijo.

En el Medio Oriente, con tanto pasado en la historia de la cultura, están seis de los diez países con mayor producción de petróleo mundial (Arabia Saudita, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irán y Qatar), y con el reciente acontecimiento criminal ordenado por Trump, el mercado puede convulsionarse, según las reacciones que pueda tomar Teherán. El ayatolá Alí Jamenei, máximo líder iraní, advirtió que habrá “una severa venganza a los criminales” y, a su vez, el presidente de aquel país también auguró represalias contra la acción imperialista, que calificó como “horrible crimen del criminal Estados Unidos”.

Y en medio de la alta tensión mundial, las miradas se vuelven a posar en el estrecho de Ormuz, por donde cruzan a diario unos 19 millones de barriles de petróleo, la quinta parte de las exportaciones mundiales. El estrecho, entre los golfos Pérsico y el de Omán, es un sitio estratégico que se puede calentar de nuevo con el reciente atentado de EE. UU. contra Irán, aunque desde hace rato allí se expresan los pulsos entre estos dos países, con incendios de barcos y derribamiento de drones.

Un cierre o bloqueo del estrecho de Ormuz podría causar un enfrentamiento bélico de proporciones incalculables y de consecuencias impredecibles, que afectaría a gran parte del mundo. Se espera que las retaliaciones iraníes, si es que las hay, no afecten esa parte que compromete no solo a este país y Estados Unidos, sino a otros, como China y Rusia. El destino del mundo sigue estando en manos de unos cuantos superpoderosos, que mueven los hilos y disponen de la vida de millones de personas, casi todas convertidas en carne de cañón y en víctimas de las decisiones de unos pocos magnates y políticos.

El orbe vuelve a estar en alerta por la decisión criminal de un especialista en “realities” que ha continuado la política imperialista de sus antecesores y pretende ser reelegido. El de marras sabe que apelar a este tipo de acciones, acompañadas de discursos patrioteros y de un sartal de mentiras o, por lo menos, de declaraciones sin sustento, dan resultado entre los electores. Igual, es jugar con candela.

Cada día parece estar más lejana las resolución de las contradicciones geopolíticas mediante el diálogo, la diplomacia y los métodos pacíficos. Las guerras o, a menor escala, los crímenes selectivos, entre otros atentados, siguen siendo un negocio, o, desde otra perspectiva, son la muerte de la civilización. Las artes de Sheerezada —que pudo haber matado al rey con algún furtivo puñal y lo cambió por las palabras, por las historias— ya no van más. “Fuego es lo que viene”, dirá algún facineroso, al estilo Trump.

 

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