Por: Manuel Drezner

El ballet de Uruguay

Las presentaciones del ballet de Uruguay, que dirige ahora el gran bailarín Julio Bocca, mostraron a un conjunto con alto grado de profesionalismo, con artistas bien compenetrados entre sí y que saben hacer tanto danza clásica como ballet moderno en forma acertada.

Es un grupo sin estrellas, pero con un excelente conjunto y nos permitió ver dos obras de primera categoría. Una de ellas, Las hojas se marchitan, una coreografía casi póstuma del gran Antony Tudor (del cual en Bogotá se vio en el pasado El jardín de las lilas y Pilar de fuego, piezas básicas del ballet moderno), muestra las profundidades psicológicas características de este coreógrafo a través de reminiscencias de una mujer que ha tenido toda clase de experiencias en la vida. La obra desconcertó a una parte del público, porque se trata de algo que dentro de su elegancia es de gran austeridad, sin conjuntos simétricos, pero que da la oportunidad a varias parejas de bailarines para hacer demostraciones de danza de gran sutileza, pero sin que en ningún momento se intenten acrobacias exageradas.

Igualmente hubo una presentación de Tres hologramas, con coreografía de Martín Inthamoussú, un artista uruguayo de trayectoria y que, con una música muy rítmica del cantautor Jorge Drexler, hace un recorrido por distintas etapas del pensamiento de un hombre, que traduce sus recuerdos en forma coreográfica, es decir, algo así como un complemento del ballet de Tudor mencionado antes.

El programa incluyó igualmente un trozo de El corsario y una versión del agradable ballet del venezolano Vicente Nebrada Doble corchea, con música de Britten y que es obra con buen sentido del humor y de gran vigor. En total, un espectáculo de muy buen nivel y con programas de gran imaginación.

Lo que sí, aquí en Colombia debemos manifestar es la envidia (de la buena) que se despierta cuando uno ve que un país más pobre que el nuestro, pero de larga tradición cultural, se puede crear y sostener por largo tiempo (más de tres cuartos de siglo) una compañía de ballet de grandes méritos. Aquí hubo un intento para hacer una compañía de ballet nacional que naufragó porque a nadie, ni en el sector público ni en el privado, le interesó apoyar una iniciativa que había dado en el poco tiempo que duró, muy buenos frutos. Ojalá que a alguien, con este ejemplo, se le ocurra revivir la idea de una compañía de ballet, que buena falta hace.

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