Por: Jaime Arocha

El Baudó en alerta

El Consejo Comunitario General del río Baudó y sus Afluentes (Acaba) urge a las Fuerzas Armadas para que de inmediato pongan a salvo la aldea ribereña de Chachajo (departamento del Chocó).

 Hoy un destacamento de Urabeños manipula a esa comunidad como escudo humano contra los elenos, a quienes agredió y quienes se atrincheran aguas arriba del río Baudó en San Francisco de Cugucho. La refriega es por acaparar territorios ancestrales de pueblos de ascendencia africana e indígena. Pese a que el confinamiento forzado de los chachajeños y el decomiso de sus celulares comenzó el 15 de junio de 2014, alcanzaron a manifestar el terror de llegar a ser víctimas de una masacre comparable a la que tuvo lugar el 2 de mayo de 2002 en Bojayá.

Líderes de Acaba, miembros de la Diócesis de Quibdó y la Cruz Roja tienen una comisión lista para viajar a la zona y mediar a favor de la población civil. No obstante que el comandante de la Fuerza de Tarea asegure que la información sobre el riesgo es exagerada, ese grupo de activistas considera que al Estado ya le corresponde sobrepasar su presencia acostumbrada asperjando glifosato sobre platanares, yucales y aguas de beber. Tiene que asumir una posición decisiva en pro de los derechos a la vida y al territorio de afrobaudoseños e indígenas.

El llamado urgente y pacifista que hoy hace Acaba tiene al menos dos antecedentes: uno, el antibelicismo por el cual optaron las comunidades baudoseñas para oponerse a los asesinatos y destierros que ocasionó la chulavita durante los años de 1940 y 50. Otro, el reclamo que le hizo al Estado a principios de 1995 por su indolencia ante la irrupción del Ejército Popular de Liberación con uniformes, armas y sistemas de mando y extorsión desconocidas en el Baudó. Como la guerrilla reprimía a quienes disintieran de su mandato, para ese año Acaba ya registraba los primeros desplazamientos forzados hacia Quibdó y el asesinato de uno de sus dirigentes más connotados, Eman Palacios.

Un año después, como el Estado persistía en su desidia con respecto al deterioro del orden público, políticos locales se esperanzaron en que la gente armada arbitrara sus conflictos. De ahí la seguidilla de apelativos: Benkos Biojó, el frente guerrillero que le había sumado reivindicaciones raciales a su lucha de clases. Farip, la guerrilla con tinte indígena y las Auc de Carlos Castaño, hasta llegar a la repartición del valle entre la banda de los Rastrojos y el ELN, con puerto Meluk como punto limítrofe entre los dos aparatos de muerte. Este aberrante equilibrio se rompió en 2013, cuando los Urabeños ingresaron con la pretensión de expulsar a sus adversarios y monopolizar toda la zona.

De llegar a sus últimas consecuencias, este proceso podría involucrar al valle del río Baudó en las fórmulas atroces de desaparición, tortura, homicidio y desmembramiento propagadas en Buenaventura. Al Estado le corresponde evitar la tragedia en la cual, con seguridad, quedarían implicados miembros de una sociedad civil que ha descollado como paradigma nacional de convivencia no violenta.

Nota: le manifiesto al Polo Democrático mis condolencias por la muerte de Rodrigo Saldarriaga, uno de sus líderes más reconocidos en Antioquia.

 

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