Por: Columnista invitado

El boomerang de la desatención a la salud en tiempos del Coronavirus

Por: Juan-Manuel Anaya

Esta pandemia del coronavirus (SARS-CoV2), responsable de la enfermedad Covid-19, nos cogió mal parados, con un sistema de salud en crisis crónica, que se pondrá a prueba en unos días. 

El 5 de diciembre pasado se clausuró, a medias, la Misión Internacional de Sabios. En su alocución, el señor Presidente pasó por alto la salud, no hizo mención a ella, o a la Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) en Salud. Tuve la oportunidad de hacérselo ver. Me respondió: "Se la quedo debiendo”. Unos meses después le tocó.

En la Misión se identificaron las “Barreras y Oportunidades de la CTI”. Adicionalmente, se propuso una “Integración de Institutos de CTI para el Fortalecimiento del Ecosistema Científico”. Nadie le prestó una atención seria a esas recomendaciones. Hoy, estas, y otras tantas, adquieren una urgencia inesperada. Por eso el llamado a que todas las iniciativas, el optimismo y la voluntad de ayuda para el control del Covid-19 (y otras plagas – todavía está el Dengue rampante en Colombia, para no mencionar sino un ejemplo) se traduzcan en actos legítimos y sensatos que conduzcan, de manera unificada, clara y en orden, a combatir una crisis que nos está cogiendo ventaja. 

El comportamiento del gobierno ha sido errático, caracterizado por las buenas intenciones y ejecuciones, pero también por algunos desaciertos: dejar al Ministerio de Salud acéfalo por más de dos meses mientras la pandemia tomaba su curso; desconocer oportunamente la pandemia, en particular cerrar tardíamente el aeropuerto El Dorado; pretender homologar a colegas extranjeros de manera expedita; la falta de coordinación eficaz con alcaldes y gobernadores; mantener una ministra de CTI que más daño que bien le hace a la ciencia y al país; y comenzar a prometer lo incumplible - léase, ser proclive a la demagogia. 

Compararse con otros países es buscar justificarse. Por primera vez no podemos, de ninguna manera, copiar a los Estados Unidos ni al Reino Unido, y menos a Brasil o México. Muchos insistimos en seguir los ejemplos de Singapur, Corea del Sur o la misma China. Hoy todos los cálculos se han tenido que volver a hacer y las conductas ajustarlas día a día. La incertidumbre y la desinformación se han convertido en enemigos adicionales. Que el pico será en una semana, que esto durará todo el año, que aquello, que lo otro. Lo cierto es que el número reproductivo básico (Ro), por el cual se estima la velocidad con la que el Covid-19 puede propagarse en Colombia, no se sabe con certeza. Lo mejor, para quienes puedan, es quedarse en casa y contribuir a aplanar la curva, a pesar de la recesión; sin olvidar que el primer paso en la prevención es estar correctamente informado.

Es el momento para que el conocimiento circule libremente y las innovaciones estén al alcance de todos, sin barreras legales ficticias; y se considere, sobre las ventajas comerciales, la liberación de monopolios de productos de interés público. 

Es perentorio garantizar la seguridad y la calidad del trabajo del personal de salud, su capacitación urgente, la protección suficiente y permanente; su remuneración justa e inmediata, y la coordinación eficaz de todas las acciones, priorizándolas en la medida de las capacidades y sin redundancia. Sigue, en orden, garantizar los suministros e insumos para el diagnóstico y tratamiento de los pacientes con Covid-19, sin olvidar a los que ya estaban presentes (enfermos crónicos, principalmente) y aquellos con urgencias no relacionadas con el Covid-19. Esperemos que hoy, más que nunca, la unión nos de la fuerza y tengamos las respuestas correctas para vencer esta crisis.

*MD, PhD. U. del Rosario. 

 

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2020-03-28T19:45:21-05:00

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