Por: Hernando Gómez Buendía

En el borde

Puede ser el presidente de la paz. O puede ser el gran inepto que cerró un mal negocio y después lo consultó.

El negocio era dificilísimo sin duda. Por un lado el Estado que en medio siglo no pudo derrotar a la guerrilla y tuvo que negociar —lo cual implica perdonar—. Por otro lado una guerrilla que no representa a nadie y cuyos crímenes la gente no quiere perdonar.

Por eso, a diferencia de las “guerras civiles”, en Colombia el gobierno tenía que perdonar sin consultar los “detalles” con el pueblo. Fue lo que hicieron —mal o bien— los gobiernos anteriores. Fue el error garrafal del plebiscito, que además era inútil, polarizante, innecesario y evitable hasta el último momento.

Así que pese a la trampa del umbral, a la presión irrespetuosa de la firma anticipada y a la amenaza de volver a la violencia, el No ganó sobre la base de la rabia y las mentiras. El resultado fue devolvernos al borde de la guerra y revivir a Uribe como el vocero de más de media Colombia.

Lo que era un pacto complicado entre dos se convirtió en un pulso letal entre tres.

El No se basó en que a Santos se le había ido la mano; y en efecto, acorralado por el paso del tiempo, Santos concedió primero la no cárcel, después el cambio de la Constitución y en el último momento las ventajas políticas. Las Farc dicen, con razón, que ese pacto está firmado. Y Uribe va más allá del No a las concesiones, para exigir de hecho que las Farc se entreguen y vayan a la cárcel.

Así no puede haber acuerdo y por lo tanto estamos al borde de volver a la guerra.

Pero los tres actores necesitan la paz:

—Santos, el Nobel, para no ser el presidente más inútil de la historia.

—Las Farc, porque una nueva guerra sería su exterminio y —sobre todo— porque, paradójicamente, hoy son más populares y tienen más espacio político de lo que nunca antes han tenido ni tendrán.

—Uribe, porque su carta ganadora fue aquello de que el acuerdo “se puede renegociar”; si ahora no lo hace correrá con la culpa del desangre y su candidato perderá las elecciones (puesto que la mayoría de los que votaron No hoy ya están muy asustados). Y Uribe tiene además la presión de Kerry y de los europeos, con todo y sus archivos sobre nuestros políticos.

Por eso a pesar de la tensión, yo creo que la paz es más probable que la guerra. Y Santos tiene todavía dos maneras de pasar por encima de Uribe:

—Renegociar lo que pueda con las Farc y someter este “otro” acuerdo a un nuevo plebiscito, que quizá ganaría debido a la estrechez del margen, al Nobel, al susto (por ejemplo de los empresarios), y a que esta vez la maquinaria tendría que poner lo que faltó.

—Modificar lo que pueda del Acuerdo, firmarlo e implementar este acuerdo “distinto” sin consulta popular. Sería por supuesto la opción “nuclear”. Pero es la que establece la Constitución, la que permite la sentencia de la Corte, la que usó Barco y también usó Uribe, la que Santos debió utilizar desde el comienzo.

Y Uribe sabe que Santos tiene estas dos cartas: razón de más para entrar en el acuerdo. 

* Director de la revista digital Razón Pública.

 

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