Por: Columnista invitado

El Bronx sigue vivo

Por: Yeiver Rivera Díaz *

Hace un año la Alcaldía Mayor de Bogotá intervino el sector conocido como la calle del Bronx, ubicada en el centro de Bogotá. Un lugar donde la droga y los delitos más atroces eran el pan de cada día; donde las autoridades se hacían las ciegas ante lo que allí ocurría, y el crimen era el principal integrante de la deprimida zona que llegó a albergar a más de 2.500 consumidores, expendedores, visitantes y población que buscaba la "oportunidad" de escapar, por momentos, de los problemas de la vida.

Aún no se conocen cifras reales, y quizás nunca lo sabremos, de los desaparecidos que este sector dejó. Muchos de ellos fueron descuartizados; enterrados entre escombros, que finalmente eran arrojados en diferentes sectores de la ciudad, y otros más desvanecidos en canecas de ácido o quemados, para borrar todo rastro de su paso por la tierra.

Cientos de familias permanecerán buscando en hospitales, estaciones de policía, morgues o fosas comunes algún rastro de quien un día salió de su casa y jamás regresó. Lamentablemente.... jamás lo hará, porque por una decisión unilateral fue borrado de la faz de la tierra, por una deuda de droga, alcohol o simplemente porque al jefe del sector no le caía bien.

Así era el Bronx, este deprimido sector de Bogotá que fue comparado con una zona de guerra por reporteros internacionales expertos en conflictos bélicos y quienes vieron allí el verdadero infierno en la tierra.

Hoy ha cambiado, al menos las calles donde se encontraba, porque el delito, el tráfico de sustancias psicoactivas y la prostitución siguen prevaleciendo en sectores aledaños y en diferentes calles de la ciudad y el país.

Los consumidores no se han acabado y los expendedores siguen campantes entregando dosis gratis en colegios, parques, universidades y zonas de rumba; haciendo nuevos clientes, expandiendo los tentáculos de la adicción a quienes, llevados por la curiosidad y los deseos de ir más allá, caen en la trampa y se convierten en futuros delincuentes que poseídos por la adicción cometerán todo tipo de delitos para saciar sus ganas de obtener nuevas sensaciones en la vida.

Mientras no se desestimule el consumo, se baje la producción y se cambie la ruta de control y represión contra el adicto, la sociedad seguirá viviendo el terror y el horror de ver en las calles de la ciudad, del país y del mundo a consumidores y expendedores dándose la mano con las autoridades para poder continuar con el negocio.

Otros sectores de la nación también merecen especial atención, la misma que se llevó a cabo en Bogotá y las que los habitantes han denunciado con nombres propios y nadie hace nada.

Pero no todo ha sido y será malo. Muchas personas que salieron de esa olla maldita se han reincorporado a la sociedad, han recuperado sus familias y principalmente sus vidas. Han dejado las calles y lo que ella les entregaba cada día. Se han preparado en artes, oficios varios y han vuelto a ser funcionales obteniendo empleo y educación, factores que les permite estar alejados de la droga y las adicciones.

Pero mientras el mundo lleva más de un siglo de lucha permanente y continua contra el flagelo del narcotráfico y cada día miles de personas mueren en el mundo, no solo por sobredosis, sino por las luchas entre bandas criminales por el control de las zonas que otros han dejado libres o que llegan a colonizar a sangre y fuego; países como Canadá, Portugal, Holanda, Suiza, Uruguay, entre otros, avanzan en mecanismos de legalización y uso controlado de las drogas, brindando amor, acompañamiento y solidaridad para entender que más que una opción o alternativa errada que en un momento llegaron a tomar; el problema de las adicciones es una enfermedad que debe tratarse como tal, sin discriminación y cuestionamientos, sí con mucho estudio, trabajo y compromiso por parte de los Estados.

Quizás empezar a legalizar algunos temas referentes al uso de las drogas ¿podría ser una puerta de salida a esta problemática que lleva más de un siglo?

* Periodista, autor de Viví en el Bronx, testimonios del horror.

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