Por: María Elvira Samper

El buen samaritano vs. inquisición

Pasada la navidad que, sin duda, ha perdido su sentido original, su espíritu religioso (el pesebre ha sido desplazado por Papá Noel, la novena de aguinaldos por las guías de compras y los villancicos por los 40 cañonazos bailables), cabe preguntarse si el catolicismo está de capa caída, si la religión está perdiendo en estas latitudes tanto terreno como en los países desarrollados, si hay un descreimiento generalizado entre los jóvenes y si es creciente la deserción de los adultos de las filas de la Iglesia.

La respuesta es “no”, a juzgar por el ‘Índice mundial de religión y ateísmo’ (2012), encuesta de Gallup Internacional que cubre 57 naciones, incluida Colombia, donde el 83% de los entrevistados se declara creyente —la mayoría en la religión católica— y solo el 3% se define como ateo. Resultados similares arroja un sondeo hecho por el sociólogo William Mauricio Beltrán Cely en 2010: el 70,9% de los 3.853 encuestados se dice católico y el 4,7% agnóstico o ateo.

Sí, la mayoría de los colombianos se confiesan católicos, pero una cosa es cómo se autodefinen y otra si esa autodefinición se traduce en conductas acordes con la doctrina. En este sentido, las decisiones personales en asuntos de orden moral, como la anticoncepción y la fecundación por medios artificiales, el aborto y la eutanasia, o en cuanto a las relaciones prematrimoniales y el matrimonio, se apartan cada vez más de la doctrina católica.

La Iglesia ha perdido el control sobre la vida de los creyentes. Las mujeres toman anticonceptivos y abortan cuando no encuentran otra salida; la virginidad dejó de ser una virtud, la infertilidad tiene solución in vitro y la muerte asistida y digna es un derecho; las relaciones prematrimoniales son pan de cada día, las personas se divorcian y se vuelven a casar y el matrimonio tiende a la baja. Las solicitudes para casarse por la Iglesia —y por lo civil— han disminuido, mientras crece el número de uniones libres. Según el Mapa Mundial de la Familia 2013, que cubre 45 países, Colombia registra el mayor número de uniones libres en la región —39% de las parejas entre 18 y 49 años viven en uniones consensuales— y es también el país donde la gente tiende menos a casarse.

La dispersión de creencias y valores morales, la liberalización de las costumbres, la ampliación de los derechos de las mujeres y los mayores niveles de educación alcanzados por sectores de la población —en especial en la urbana—, explican en buena parte por qué tantos se han alejado de las iglesias —de la Iglesia—. Decepcionados, muchos creyentes sienten que la religión católica no llena sus necesidades espirituales ni responde a sus problemas cotidianos, que la Iglesia no acoge ni acepta por igual a todos los fieles, que juzga y no oye, que sus jerarquías viven lejos del rebaño.

El papa Francisco es hoy una luz de esperanza para ellos. Ha demostrado gran sensibilidad y comprensión por las necesidades y problemas cotidianos de la gente, anuncia reformas en todos los niveles y ha dicho que la primera debe ser la de las actitudes de los pastores. Pero los enemigos del cambio persisten en su labor de zapa, como el arzobispo Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe —feudo de los retardatarios— y quien en un artículo publicado en L’Osservatore Romano arremetió contra la posibilidad de permitirles la comunión a los divorciados e insistió en la indisolubilidad del matrimonio. Un ataque doctrinario contra los pronunciamientos del papa basados en la misericordia. El sínodo sobre asuntos de la familia, convocado para octubre de 2014, será un pulso entre el papa Francisco y los reformadores, y la caverna eclesiástica representada por el prefecto de la fe.

 

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2013-12-28T20:00:00-05:00

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El buen samaritano vs. inquisición

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