Por: Julio Carrizosa Umaña

El buen vivir en Cajamarca

En el auditorio del posgrado de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional la líder campesina Olga Castro explicó a los profesores y alumnos por qué ella piensa que “Cajamarca es un paraíso”.

Durante 30 minutos esta mujer contó parte de la historia de Anaime y Cajamarca: relató cómo sus antepasados trataron de extraer oro y se arrepintieron cuando vieron el deterioro de los suelos y las aguas, recordó que algunos propietarios vendieron a menos precio a la empresa minera fincas en los nacimientos de las aguas, cómo el resto se defendió subiendo el precio de sus predios y uniéndose para defender su tierra y expresó cuán importante es para ellos el volcán Machín como fuente de las cenizas volcánicas que mezcladas con el agua, el oro, las arcillas y las arenas constituye esos suelos que durante los últimos años han sido considerados como los proveedores principales de alimentos para el Tolima.

Escuchándola el auditorio, repleto de especialistas y de estudiantes de doctorado, se dio cuenta de que el caso de Cajamarca no solo era un reto a la política minera colombiana, sino también es la oportunidad de ajustar todas las políticas económicas, sociales y ecológicas a la realidad de un ambiente rural que en estos años de violencia, narcotráfico y corrupción continúa proporcionando ejemplos de buen vivir en el campo.

En el auditorio de la Nacional estaban también varios representantes de otros municipios de Boyacá, del Cesar y del Meta que pidieron colaboración para realizar sus propias votaciones, lo cual nos muestra que el afán de enriquecimiento rápido se está debilitando en el campo colombiano.

Los resultados de la votación en Cajamarca comprueban que la conciencia de vivir bien puede derrotar el afán de enriquecerse; el concepto de buena vida, gestado en el Ecuador y en Bolivia, ha entrado ya en el ámbito legal colombiano al ser incluido como el objetivo de la reforma rural integral acordada entre el gobierno y las Farc. En esos textos no se habla del aumento del ingreso, sino de la posibilidad de vivir mejor, la economía ha quedado en su lugar y se están proponiendo objetivos más acordes con la complejidad de los humanos; no somos únicamente maximizadores de poder y de dinero, primordialmente deseamos la felicidad, una felicidad integral en la que lo cognitivo, lo estético, la bondad, lo sagrado y lo sensual tienen papeles principales. Sería interesante que economistas y científicos políticos reflexionaran acerca de estas nuevas situaciones.

 

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