Por: César Rodríguez Garavito

El cambio climático es el nuevo "apartheid"

Finalmente, la discusión pública está poniéndose al día con la realidad de la crisis climática. En una columna pasada comentaba cómo reconocidos medios como The Guardian decidieron abandonar la frase “cambio climático” —tan pasiva como equívoca— y llamar las cosas por su nombre. “Crisis climática” es el término que ahora usan para hablar de las olas de calor en Europa, las inundaciones en América Latina y Asia del Sur, el derretimiento de los hielos polares, la muerte de los arrecifes de corales alrededor del mundo, el aumento del nivel de los océanos que va sumergiendo islas y costas, los incendios en Norteamérica, la extinción masiva de especies y los demás eventos extremos causados por los seres humanos y nuestra adicción al petróleo, el carbón y otras fuentes de gases que calientan el planeta.

Esta semana, el debate público se enriqueció con un nuevo término: “apartheid climático”. La fuente es un informe fundamental de la Relatoría de la ONU sobre derechos humanos y pobreza extrema, que resalta el impacto profundo y diferenciado que la crisis tiene y tendrá sobre las poblaciones y países más vulnerables. Cifras del Banco Mundial muestran que cuando lleguemos a dos grados de calentamiento (en comparación con la temperatura preindustrial), entre 100 y 400 millones de personas más estarían corriendo riesgo de sufrir hambre, y entre 1.000 y 2.000 millones de personas más dejarían de tener acceso al agua. Como vamos, ese nivel de calentamiento llegaría entre la mitad y el final del siglo, es decir, afectaría sin duda a los niños y jóvenes de hoy.

El mismo Banco Mundial estima que, para 2050, la crisis climática desplazaría forzosamente a 140 millones de personas en el Sur global. El fenómeno ya está en curso: en 2017, casi 19 millones de personas fueron desplazadas por desastres climáticos en 135 países, lo que es el doble de la población desplazada por conflictos armados.

Estas y otras cifras del informe justifican hablar de apartheid climático. Primero, porque son los más pobres —los sectores más vulnerables de todas las sociedades, y los países más pobres— los que sufren los efectos más duros y duraderos del calentamiento global, aunque hayan sido los que menos han consumido y contribuido a las emisiones de carbono. Segundo, porque mientras los sectores más pobres no tienen cómo cubrirse contra los efectos del cambio climático y terminan perdiéndolo todo en las inundaciones o los incendios, los más pudientes ya están invirtiendo en protección —comprando seguros, mudándose a áreas menos vulnerables o tomando medidas de mitigación del riesgo—.

Dado que la desigualdad económica ya venía en ascenso y la crisis climática amenaza con reversar los últimos 50 años de avances en salud global y reducción de pobreza, no es exagerado decir que el calentamiento global puede marcar el paso de la inequidad al apartheid.

Lo que nos lleva a un último acierto del término. Así como el apartheid en Sudáfrica se convirtió en la causa bandera del activismo global de derechos humanos a finales del siglo anterior, o el Holocausto lo fue a mediados del siglo, la crisis climática es la fuente de violaciones de derechos humanos —y la amenaza existencial— que define el siglo XXI.

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2019-06-28T00:00:05-05:00

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2019-06-28T00:15:01-05:00

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