Por: Luis Carlos Vélez

El camino por recorrer

Mientras Obama y Castro se sentaban el sábado a la misma mesa, marcando la primera vez en más de 50 años que los líderes de EE.UU. y Cuba intercambiaban conceptos públicamente, el público estadounidense no tenía idea de lo que estaba pasando.

Los principales canales de noticias en la unión americana continuaron con su programación habitual sin hacer una interrupción noticiosa sobre el hecho que sin duda marcaba una nueva era entre Washington y La Habana, y de paso con toda América Latina. Eran los minutos en que Castro le decía a Obama que lo consideraba un hombre honesto y el mandatario estadounidense le decía a Cuba que estaba dispuesto a iniciar un nuevo capítulo. Sin duda momentos históricos, no sólo de la Cumbre si no de la historia de nuestro continente. La omisión denota el poco interés que el público estadounidense tiene en las relaciones con América Latina.

En este detalle está la realidad de la situación que rodea el vínculo entre Washington y los países al sur del río Grande. En la tierra del Tío Sam son mucho más importantes la situación económica, el empleo, la reforma migratoria y la relación con Irán que lo que dicen Maduro, Correa, Castro o cualquiera de sus amigos sobre el supuesto enemigo del norte. De hecho, son pocas las oportunidades en que hay registro en la prensa tradicional estadounidenses de los desplantes o diatribas contra Estados Unidos de los mandatarios de la región. Es como si no existieran para la opinión pública local. Ese es precisamente el gran problema que tienen las relaciones entre Estados Unidos y América Latina.

Mientras no haya interés del público general en nuestra región, tampoco lo habrá por parte de sus políticos. En un escenario de dos partidos y candidatos de posturas tan cercanas, las discusiones se establecen en los detalles y América Latina no es uno de ellos. Si la atención general no existe, tampoco habrá espacio para la relevancia política o mediática. Para que nuestra región sea importante en Estados Unidos es evidente que queda mucho camino por recorrer, entre tanto, el hecho de que Obama mire hacia nuestros países no solamente es conveniente sino también extraordinario para un mandatario estadounidense.

 

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