Por: Santiago Villa

El candidato más poderoso es Claudia López

Todas las elecciones presidenciales en Colombia, desde la Constitución de 1991, han tenido algún grado de ilegitimidad. Así que es esperanzadora la fórmula de Sergio Fajardo, Claudia López y Jorge Enrique Robledo. Aunque Fajardo y Robledo son los más experimentados, el candidato más poderoso es Claudia López.

López tiene la probabilidad más alta de ganar las elecciones si se enfrenta contra Vargas Lleras, De la Calle  y el candidato del conservadurismo.

En primer lugar por su carisma. La política electoral es una actividad emocional, además de racional, y a menudo tiene más de lo primero que de lo segundo. López mueve fibras con su palabra. Fajardo y Robledo no. Ellos ponen a funcionar el intelecto, y eso no es suficiente para ganarse las plazas públicas en todos los rincones de Colombia. Hace falta un mensaje más visceral.

Claudia López es combativa y eso será una característica clave durante los debates. A lo largo de la contienda —por algo se llama contienda— el estilo pasivo de Fajardo, que es respetable y éticamente loable, podría presentarlo como un candidato borroso, como lo fue Antanas Mockus. Claudia López tiene la capacidad para darle a la Ola Verde más filo, permitiría que no se desinfle en el camino.

Sus posiciones son más claras, o al menos las comunica de una forma más fácil de digerir, y eso será fundamental para conectar con las regiones. El discurso de Claudia López tiene un mayor rango, puede llegar a un abanico más amplio, si no juegan contra ella el machismo y la homofobia, que son barreras importantes a su candidatura —aunque precisamente por eso resulta más interesante el reto de superarlas—.

 

Es sincera. No quiero decir que Fajardo no lo sea, pero es más cauto a la hora de verbalizar la verdad. Colombia, tan hundida en la criminalidad, necesita líderes con mayor decisión para nombrarla y desenmascararla, pues ese es el primer paso para combatirla. Jorge Enrique Robledo, si bien es un brillante senador, carga el insalvable error de haber sido lento para denunciar y distanciarse de los hermanos Moreno. Desconfío de que pueda poner los intereses del país por encima de los intereses de su partido.  

El caballo de batalla de la lucha contra la corrupción es ingenioso, porque los demás candidatos, con la excepción de Humberto de la Calle, probablemente tendrán piedras en su pasado que no querrán ver levantadas. Resulta efectivo para atacar pero puede ser difícil para inspirar al electorado. En especial porque un presidente honesto no puede acabar con la corrupción. Podrá minimizarla durante su gobierno, pero no hace falta más que el siguiente sea de otro partido para que la corrupción siga como antes. 

Así que hacen falta mejores propuestas, pero López no las tiene. Su decálogo es débil. Su primer punto es que en Colombia haya hijos amados y deseados, que es una tarea que corresponde, si acaso, al Instituto de Bienestar Familiar. Luego su decálogo se convierte en la típica lista de mercado de todo candidato presidencial. Mejor salud, mejor educación, más empleo, menos impuestos, en fin.

El país está a las puertas de su más importante transformación en décadas y el decálogo de Claudia López debe ponerse a la altura. Hacen falta propuestas más visionarias. Pero su tarea apenas comienza. Lo irá afinando. En todo caso, Colombia está en un buen momento para tener a Claudia López de presidenta.

Twitter: @santiagovillach

 

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