Por: Felipe Zuleta Lleras

El caos de Bogotá

NO PRETENDO ECHARLE LA CULPA de todos los males de la capital al alcalde Petro, ni más faltaba. El deterioro actual arrancó hace muchos años, tal vez desde que Lucho estuvo de alcalde y vinieron después los mandatos de Samuel Moreno y de Petro.

Los niveles de inconformidad de los ciudadanos son directamente proporcionales al estado de caos en el que se encuentra la ciudad. No voy por supuesto a enumerar todos los problemas que tiene la capital, pues necesitaría más de una columna para detallarlo. Además, para qué hacerlo si quienes vivimos acá los padecemos diariamente y a cada segundo.

El alcalde sostiene que todo lo que ha planteado estaba descrito en su propuesta electoral. De ser eso cierto y, en teoría, habiendo tenido los asuntos tan claros, entonces ¿por qué tanta demora en la aplicación de esos proyectos? Con esa parsimonia de la administración, sumada a las improvisaciones, lo cierto es que Bogotá se va quedando rezagada en temas claves para hacer de nuestra ciudad un mejor vividero. Reitero que no me voy a poner a enumerar los problemas, pero no puedo dejar de mencionar algunos: movilidad, estado de las vías, descuido en el trasporte, suciedad de los sardineles. Bobadas, pensarán algunos, pero las ciudades con buena calidad de vida son precisamente las que cuidan los pequeños detalles.

Tan sólo por mencionar un caso de la mala calidad de vida de los bogotanos, que no tiene nada que ver con Petro, tenemos el servicio de taxis. Traten ustedes de coger o llamar un taxi cuando esté lloviendo para que vean cómo les va. No aparecen, no contestan en los conmutadores y las aplicaciones no sirven. Tal vez una de las pocas cosas que funcionaban bien en Bogotá eran los taxis. ¡Ya ni eso!

Y me da pena con el alcalde pero las modificaciones al Pico y Placa resultaron un desastre. El cambio de horarios es un fiasco. Los trancones son monumentales. Yo he llegado a pensar que Petro se mueve en helicóptero o se la pasa trinando en su carro polarizado, porque los demás nos pasamos las horas en los trancones sin poder hacer nada distinto que esperar pacientemente. Por supuesto que a ese caos contribuyen los conductores avivatos, los que hacen triple fila para cruzar, los que parquean donde se les da su real gana (entre ellos los que andan con escoltas), los camiones repartidores de cerveza y gaseosa y los que recogen y dejan cosas, como los de Servientrega, por sólo mencionar algunos casos. A eso agreguen las obras nuevas, que sencillamente trancan las calles como y cuantas veces se les antoja. Y si eso no es suficiente, métanles las zorras que, como vi esta semana, iba por la carrera 15 al norte en contravía. Y eso porque Petro no las ha querido sacar.

Así las cosas, entre la improvisación de Petro y la indisciplina de algunos malos ciudadanos, lo cierto es que la calidad de vida de quienes vivimos en la capital es mala, muy mala. Pero bueno, como dicen en España, es lo que hay. ¡Y lo que hay es un desastre!

@FZuletalleras

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Felipe Zuleta Lleras

La educación como prioridad nacional

Carlos Mattos y sus andanzas

No se meta con la loca

Estudien, vagos

La legalización de la marihuana