El país de las maravillas

El caos de discursos y de cifras

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Nada más desolador que ver cómo el país sube en el top ten de las peores estadísticas orbitales de la pandemia y constatar el doble discurso presidencial, el caos de cifras y estadísticas, y la ausencia de un plan rector para enfrentar lo que viene.

Ni aislamiento inteligente ni distanciamiento social. Atrás quedaron los eufemismos y palabrerías sin fondo que acompañaron el doble discurso de Duque en estos más de 100 días. Calificar como encierro la cuarentena, con la connotación negativa que le asocia, no solo contradice la única estrategia eficiente hasta el momento, sino que construye un arquetipo en contravía de su idea de cultura ciudadana, de la cual solo conocemos dos caritas risibles, si no estuviésemos en este momento dramático.

El aislamiento no es sostenible, dice, como si contagiarse, enfermarse y hospitalizarse sí lo fuera, pateando de paso el escaso interés en resguardarse como principal herramienta de prevención. Así, relega todo al conteo inhumano de UCI, en cuya implementación le cabe plena responsabilidad, con porcentaje de participación de alcaldes y gobernadores, mientras insiste en que no es tiempo de buscar culpables, a sabiendas del enorme rabo de paja que arrastra. ¿Cómo otros sí pudieron, en vez de trenzarse en ese deplorable espectáculo de mensajes con cifras confusas de ventiladores y promesas o plazos incumplidos?

Además, ¿quién va a querer confinamiento si las ayudas no llegan o si contradicciones presupuestales de instancias oficiales encierran mentiras, como escribió aquí el lunes Salomón Kalmanovitz?

Dinero ha habido, merced a la emergencia económica y a préstamos internacionales; falta claridad sobre su gestión y destinación, y explicación urgente de por qué no llega a pequeñas empresas y a ciudadanos más necesitados.

Mientras otros países retoman la estrategia de quedarse en casa, con indicadores incluso inferiores a los nuestros, porque, antes que en capacidad instalada, creen que la vida es sagrada, aquí nos imponen la productividad; esa, la del capitalismo salvaje, que no es coherente ni con sus palabras ni con sus cifras.

www.mariomorales.info y @marioemorales

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