Por: Manuel Drezner

El carisma de Dudamel

Aparte de ser un director de orquesta impresionante, Gustavo Dudamel, el venezolano que en muy pocos años ha logrado llegar a la cima de la difícil profesión, es persona de gran carisma, que sabe despertar la simpatía del público.

Esto lo mostró una vez más en su presentación en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, al frente de su orquesta sinfónica Simón Bolívar, donde pasó con toda facilidad de lo intrincado de La consagración de la primavera de Stravinsky a bises que iban desde dos trozos wagnerianos hasta un joropo, todo lo cual despertó en tal forma el entusiasmo del público que si no fuera porque Dudamel acabó haciendo una seña de despedida con la mano, de pronto todavía estaríamos en la sala de conciertos. Esa capacidad de comunicación y de compenetración con el público es sin duda una de las mayores cualidades del director y es parte de la explicación a su inmensa popularidad, que lo ha convertido en uno de los directores preferidos en el mundo de la música de hoy. Igualmente, la orquesta venezolana es algo impresionante, fruto del “Sistema” que diseñó José Antonio Abreu y que ha colocado a Venezuela a la vanguardia de la música en nuestro continente, en especial por la contribución social que ha significado.

Como ya se dijo, el programa incluyó La consagración de la primavera, obra de la cual se conmemora el centenario de su estreno y de la gresca que esa maravillosa pero revolucionaria pieza despertó. La obra ha sido lo suficientemente popular como para haber sido incluida en la primera Fantasía de Disney (aunque el mismo Stravinsky una vez me dijo que jamás perdonaría a Stokowsky y a Disney por lo que hicieron con su obra en esa película) y Dudamel supo presentarla con todas las sonoridades y contrastes que la caracterizan. Igualmente, hubo en el concierto una obra del gran mexicano Silvestre Revueltas, su Noche de los mayas, una serie de cuadros impresionistas, derivados de la olvidada película de ese nombre y que ayudan a convencer de que Revueltas fue un gran maestro de la música latinoamericana.

El Teatro Santo Domingo está presentando una programación impresionante, bien pensada, y se ha convertido en poco tiempo en uno de los principales puntos focales de la cultura en Bogotá. Este concierto es una confirmación adicional y muestra cómo actos filantrópicos como este y otros (pienso en la Colección Botero en el Banco de la República) contribuyen en forma eficaz a que Bogotá se acerque a ese utópico mote que le pusieron una vez de Atenas suramericana, que únicamente hasta ahora se está acercando a tener base en la realidad.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Manuel Drezner

“El caballero de la rosa” en Bogotá

Recordando artistas colombianos olvidados

“Uva pasa bajo el sol” en el Colón

Aniversarios cinematográficos

Misterioso futuro de la cultura