El caso Araújo

En la edición del 28 de Julio, página 20 de este diario, en el artículo ‘El top 10 de los testigos de la parapolítica’, en un recuadro superior titulan ustedes “Manto de dudas sobre el caso de los Araújo” que en el texto dice:

“Aparentemente, una de las pruebas más contundentes de los nexos de Álvaro Araújo Castro con los ‘paras’ era su responsabilidad en el secuestro de Víctor Ochoa Daza, su rival político en la carrera por el Congreso en 2002”.

Si bien debo reconocer y agradezco sinceramente la mayoría de lo escrito, ya que es la primera vez que un medio se atreve a cuestionar los vehículos de la infamia, que específicamente en mi caso son mentiras, contradicciones y total ausencia de pruebas para encausarme, debo resaltar una grave inexactitud del texto que reproduzco, pues si bien se ha alegado una supuesta responsabilidad de mi padre y mía en el secuestro de Víctor Ochoa, el principio del absurdo está contenido en la frase del texto de El Espectador, pues Víctor Ochoa no era un rival político en 2002; por el contrario, era nuestro aliado y el hermano de un Alcalde elegido en 2000 por una coalición de fuerzas cuyo mayor aportante fue precisamente el movimiento liderado por mí.

Es allí donde se derrumba el infundio, pues nadie sería tan torpe para agredir a un aliado, mucho menos por medio del secuestro, delito lejano a nuestras posibilidades éticas y morales, y muchísimo menos en concierto con grupos paramilitares que en ese mismo tiempo y desde mucho antes, denunciábamos en plaza pública y ante las autoridades, como lo certifica el propio Elías Ochoa y como consta en medios de prensa de la época y una sentencia de tutela interpuesta en procura de amparar mi derecho a la vida.

En cualquier caso, no puedo dejar de resaltar el interés que su publicación hace en la búsqueda de la verdad, a pesar del error que señalo, su texto es una ventana de luz a lo largo de este túnel de injusticia. 

 Álvaro Araújo Castro.

Tasas de interés

La noticia es que la junta directiva del Banco de la República aumentó las tasas de interés con el fin, según ellos, de controlar el incremento del costo de la vida.

El efecto de lo anterior va a ser una mayor revaluación del peso con respecto al dólar, mayor  desaceleración de la economía y más desempleo. El resultado sobre el costo de vida está por verse porque el precio del petróleo, por ejemplo, no va a variar por que en Colombia unos señores autosuficientes decidan incrementar las tasas.

Estas decisiones, que afectan negativamente la economía del país, parecen obedecer a una apuesta espontánea, a un “veamos si funciona o no”. Y ello a pesar de la extensión de las reuniones que sugieren que en realidad se trata de decisiones rigurosamente científicas.

 Juan Manuel Sierra Sierra. Bogotá.

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