Por: Julio César Londoño

El caso Juan Manuel Ospina

¿Por qué botaron a Juan Manuel Ospina del Incoder? Hay varias opiniones.

El presidente y Juan Camilo Restrepo dicen que el señor resultó muy lento. La Silla Vacía cree que todo se debió a rifirrafes internos del instituto que se salieron de madre y su gerente no pudo controlar. Ospina le dijo a Cecilia Orozco en El Espectador que su salida obedece a que Restrepo necesita un chivo expiatorio para arrojárselo al senador Robledo en el debate sobre restitución de tierras que el Polo le está preparando al ministro. Una persona muy cercana a Ospina me asegura que el problema es de enfoque: Ospina cree que la titulación de tierras será inútil si no va acompañada de un programa serio de desarrollo rural: creación de cooperativas, suministro de asistencia técnica y seguridad, construcción de obras de infraestructura vial y energética y oferta de un portafolio de créditos blandos que excluya de manera expresa al gremio de las actrices desvalidas. En síntesis, un verdadero Plan Colombia: más inversión y menos bombas.

Todo esto (tienen razón el ministro y el presidente) es muy lento y ellos necesitan mostrar resultados ya. Tienen pesadillas con la calculadora de Robledo: de las 160.000 familias que el Gobierno prometió restituir en esta administración, al ritmo que van las cosas sólo se podrán beneficiar unas 12.000 familias. No es una cosa de simples números. Es el fracaso del programa bandera de Santos. Es renunciar a coger el toro por los cuernos: la tenencia de la tierra y el desarrollo del campo, y significa, en la práctica, que seguiremos invirtiendo per secula seculorum 19 billones de pesos anuales en defensa (compare: para Ley de Víctimas y Tierras, $ 850.000 millones).

Recordemos, de paso, que el 77% de la tierra del país está en manos del 13% de los propietarios; que en los últimos veinte años, los narcotraficantes y los paramilitares se apoderaron de 6,6 millones de hectáreas de los campesinos; que el crecimiento del PIB rural fue de 2,8% en la última década, y que en el campo vive la tercera parte de la población: la mitad de este tercio vive en pobreza absoluta y el 20% en estado de indigencia. ¡Con todo, el 70% de los alimentos que produce el país sale de los minifundios de los pequeños campesinos! (fuente: Instituto de Ciencias Políticas Hernán Echavarría Olózaga).

El problema no es sólo que boten un funcionario de la calidad de Ospina. El problema es que el Gobierno desoiga sus recomendaciones de acompañar la titulación con una inversión enérgica en desarrollo rural (exactamente lo que aconseja José Antonio Ocampo, el otro señor al que el Gobierno le volteó la espalda estos días) y decida invertir todos sus esfuerzos en titular tierras para acaparar titulares de prensa y taparle la boca a Robledo.

Aclaración: reconozco que titular y restituir no es fácil. Restituir un millón de hectáreas, para sólo hablar de la mitad de la meta de este gobierno, demandará un esfuerzo gigantesco y significaría un avance notable con respecto a la situación de la tenencia de la tierra en 2010. Para lograrlo hay que enfrentar a un aguerrido ejército de abogados, notarios, paracos, narcos y un sector de las FF.AA., amén de los palmicultores, los bananeros y los ganaderos (o granaderos, como les dicen por ahí), todos convencidos de que se ganaron la tierra a bala limpia.

Pero todo será en vano si no se acompaña este proceso de las condiciones técnicas y de seguridad que señala Ospina. Lo más probable es que se replique en todo el territorio la historia reciente del suroccidente y la costa pacífica. El anterior gobierno prometió que los bombardeos en esta región irían acompañados de una vigorosa inversión social. Hasta ahora, sólo hemos visto allí bombardeos más vigorosos.

 

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