Por: Aura Lucía Mera

¡El Cauca olvidado!

Sin duda uno de los departamentos más bellos del país es el cauca.

Y uno de los más olvidados. Tuvo su “siglo de oro” cuando Popayán era el epicentro cultural del país y su universidad producía presidentes, juristas, poetas, “estirpes y castas de abolengo”. Grandes latifundistas eran los amos absolutos de hatos ganaderos y a las etnias indígenas todavía se les cuestionaba si tenían alma.

Pasan los siglos. Popayán se va quedando sola. Sus dirigentes migran hacia la capital, los poetas se extinguen y la ciudad blanca queda como un símbolo de lo que fue. Su Semana Santa, el festival de música sacra y la semana de la gastronomía se convierten en referentes puntuales para visitarla, pero el resto del tiempo permanece aislada...

Cuando los frentes guerrilleros atacan cobardes a la población civil de estas veredas, mutilan jóvenes y arrasan con casas y templos, los periódicos se acuerdan de su existencia.

La Semana Santa me permite pasear por algunas cabeceras municipales, embelesarme con esos paisajes alucinantes, recordar que en esas alturas nace el Macizo Colombiano, ese nudo majestuoso que se parte en las tres cordilleras que forman nuestro país, arrulla el nacimiento de los ríos Meta, Cauca y Magdalena, como la Gran Pachamama que nos arropa.

Una tarde, en la cabecera municipal de Sotará, Paispamba, un pueblo de 460 habitantes, tengo la oportunidad de hablar con la alcaldesa Blanca Lucy Agredo Muñoz, joven profesional que ha dedicado más de 15 años al servicio público. Es responsable de 50 veredas y once corregimientos. Ha logrado, contra viento y marea, dar un impulso palpable a su región, fortaleciendo el sector agropecuario, las Juntas de Acción Comunal, las comunidades de mujeres, el cultivo de frutas... Su gran frustración es la gestión de los recursos, que se demoran en llegar, impidiendo ejecutar las obras de las pocas regalías que recibe de Smurfit Carton de Colombia, que convirtió esas montañas de vegetación nativa y ganadería en un gigantesco bosque de pinos tristes, donde los pájaros no existen y la tierra se erosiona.

Sigo el recorrido... Ya en otros pueblos se habla de las próximas elecciones. La preocupación marca el ceño de los interlocutores. Parece que el amo del Cauca, Aurelio Iragorri Hormaza, le piensa dar el aval para la gobernación a Felipe Muñoz, su ficha política, nada más ni nada menos que ahijado político de Juan Carlos Martínez Sinisterra, quien todavía cumple prisión por sus nexos non sanctos y sus tentáculos podridos.

El Gobierno central no se da por enterado. El Cauca es un departamento visto como de segunda, los recursos y regalías desaparecen. Los cultivos también. La minería ilegal y la coca son intocables. Los indígenas reclaman, les prometen y les hacen “pistola”.

Triste historia de una región con todo el potencial para desarrollarse, simplemente si la voluntad política del Gobierno central le da la atención que merece.

Gente buena. Trabajadora. Campesinos estoicos que aman su tierra. Quieren educación, vías, respeto, oportunidades. Pero gamonales y politiqueros retorcidos lo único que quieren es seguir exprimiéndola para beneficio personal.

Se llegó la hora para que el Cauca despierte y figure en el contexto nacional. Existen líderes como Blanca Lucy Agredo Muñoz. No se dejen manipular más.

 

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