Por: Andrés Hoyos

El centro será opción

El presidente Duque está demostrando las tremendas limitaciones de su proyecto político conservador. La pregunta obvia es qué viene después y, sobre todo, quién. Aunque faltan tres años para las elecciones de 2022, los cimientos de lo que va a pasar entonces se están fraguando ahora. Debe quedar muy claro que habrá una feroz disputa en la primera vuelta no solo contra las derechas, sino entre el centro y la izquierda populista. Yo veo al centro como una clara opción hoy y con más veras de cara a las elecciones de mitaca que vienen este año. Por supuesto que nada está escrito en piedra.

Opuestos están las derechas y el populismo de izquierda, que tan nefasto ha resultado en los últimos años en América Latina. Baste con saber que el Estado chavista, ahora con Maduro a la cabeza —y aquí cabeza tiene un sabor casi decapitado—, recibió un millón de millones de dólares en los más de 20 años que lleva en el poder, se robó por ahí la mitad y el resto lo dilapidó, sumiendo a Venezuela en el caos, la pobreza generalizada y en una crisis humanitaria sin precedentes en un siglo en países que no hayan pasado por la catástrofe de una guerra internacional.

Pese al desastre venezolano, el populismo local no está derrotado de antemano. Estas apariencias sí que engañan. Así como las Farc le hicieron durante años la campaña al uribismo, la izquierda radical espera que Duque se convierta en su jefe de campaña, no solo fracasando de forma estruendosa, sino sobre todo tomando decisiones arbitrarias y claramente antidemocráticas. Hasta ahora, Duque no los ha complacido, pues no se está saltando los reglamentos a la brava ni ha tomado pasos concretos para arrasar con la estantería de las cortes, la división de poderes o la Constitución, pese a que los furibistas hablan de ello con fruición.

Urge definir un programa de centro, que no solo lo sea, sino que sobre todo les meta la mano a los problemas de largo plazo del país y del mundo. El centro tiene que ratificar su gradualismo reformista, su forma eficaz de enfrentar los problemas —contrastada con claridad con la populista— y su respeto inflexible por las reglas establecidas. No son políticas de centro el prohibicionismo ni la guerra contra las drogas; tampoco lo son la timidez en el problema agrario o la sumisión a los mandamases gringos. No basta con defender la paz, hay que ambientar la convivencia. La educación debe seguir siendo mixta —pública y privada— basada en una sinergia —es decir, una mezcla eficaz— que las potencie a ambas. Debe consolidarse la oferta universal gratuita en la básica, aunque mejorando muchísimo la calidad. En ese propósito no puede haber métodos prohibidos. Asimismo hay que ampliar la oferta postsecundaria, en el entendido de que, como lo demostraron los alemanes, sí se necesitan suficientes cupos universitarios, pero no que todo el mundo vaya a la universidad. La buena educación técnica puede llevar a una vida fructífera, productiva y próspera.

Aunque dista de ser el único, Sergio Fajardo se está apersonando de la agenda de centro de una manera audaz y acertada. Igual, gane quien gane, es esencial forjar un movimiento que desemboque en una lista potente para el Senado y en listas ídem para Cámara, que saquen numerosos representantes. Solo desde ahí se podrá abordar después la impostergable tarea de forjar (¿relanzar?) un partido de centro que garantice la continuidad de la política y la vigencia futura de las ideas de centro.

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