Por: Julio César Londoño

El ciego y el fiscal

La renuncia del fiscal conmocionó al país porque ¿quién velará ahora por los intereses de Odebrecht y Luis Carlos Sarmiento? ¿Quién pondrá palos jurídicos en las ruedas de la JEP? ¿Quién encontrará los billones de las Farc que el prohombre buscaba con el entusiasmo de un detective miope? ¿A quién le entregará Jehová los audios del controller suicida? ¿Quién denunciará un fraude “nauseabundo” en vísperas de elecciones y guardará luego un silencio pestilente?

En realidad renunció porque le va pierna arriba un fallo de la Corte Suprema que negará el “impedimento en abstracto” que él declaró para curarse en salud sobre sus inhabilidades para ser fiscal general (los impedimentos no pueden ser abstractos, dirá la Corte, y él quedaría en aprietos, como explicó Yesid Reyes). Renuncia para eludir la justicia, como ya lo hizo cuando le hicieron una moción de censura por los micos que introdujo en la Reforma de Equilibrio de Poderes siendo ministro de Pastrana. Renuncia porque ya no le cabe una derrota más: Odebrecht, glifosato, objeciones, impedimentos. Renuncia para continuar la escalada de ataques de los Uribeños contra la Justicia y la verdad.

Calmado, sin la furia vesánica que exhibió en el debate que le hizo Robledo en noviembre, Martínez dijo el miércoles que la decisión de la JEP volvía trizas los acuerdos de cooperación internacional contra el crimen, concretamente la colaboración con la justicia estadounidense, que ahora le parece confiable. En noviembre pensaba otra cosa, y en vez de cooperación veía una conspiración mundial contra su honra urdida “por el BID, el FBI y el terrorismo internacional”. Nota: arremetió contra el BID porque su presidente, L. A. Moreno, apoyaba a L. F. Andrade, que sabe demasiado sobre la participación de Martínez en los contratos de Odebrecht; arremetió contra el FBI porque aportó datos claves sobre la conexión con Colombia de Odebrecht; y contra el terrorismo internacional porque siempre es útil poner un ñero en la foto.

La JEP hizo lo que tenía que hacer. Sin las pruebas que los gringos nunca mandaron: primero porque no, y luego porque la solicitud la mandó Minjusticia en un burro de 4-72 que se atascó en Panamá; y con el sartal de irregularidades que rodearon el entrampamiento de la DEA a Santrich y las investigaciones de la Fiscalía, la JEP no podía prolongar su detención y mucho menos aprobar su extradición. Los magistrados fallaron en derecho y la libertad del cieguito traqueto se convierte en munición de alto calibre para los Trizas (alias los Uribeños).

La Fiscalía nunca le entregó a la JEP el video que apareció el lunes, donde aparece el ciego fashion en pleno cruce de una “merca”. Pero en realidad esta “prueba reina” es insuficiente. Antes de ser admitido en un juicio, hay que verificar que el video no está manipulado y demostrar que se grabó después de diciembre 1° de 2016.

Pero el daño está hecho. Para el ciudadano medio ya es claro que las Farc no se dedicaron al crochet después de la firma de los Acuerdos, y poco le importa si el video se grabó antes o después de las 12 de la noche del 30 de noviembre de 2016. Punto para los Uribeños, que prosiguen así su escalada contra la paz a punta de visas, objeciones, aritmética chueca, tutelas y fakes, para torpedear la Justicia, cerrarle el paso a una cosa que los aterra, la verdad, y promover una constituyente que les propine el golpe mortal a nuestras ya maltrechas instituciones.

Con todo, que Martínez se vaya de la Fiscalía es una buena noticia para el país. Solo falta que Santrich renuncie a su curul y enfrente a la justicia como ciudadano raso para que no les haga más daño a la JEP, a la FARC, a la paz y a la verdad.

También le puede interesar: "Néstor Humberto Martínez y el caso Odebrecht: ¿Debe renunciar el fiscal?"

 

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2019-05-18T02:00:56-05:00

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2019-05-18T15:55:26-05:00

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