El arte y la cultura

El circo y el cómico

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Dos noticias culturales importantes han tenido lugar en estos días y ambas son lamentables.

Una de ellas es la bancarrota y aparente cierre del notable Circo del Sol, una empresa de espectáculos circenses, en especial de humor y de acrobacia, y con absoluta ausencia de los animales tradicionales en los circos de ayer.

El Circo del Sol se distinguía por el buen gusto de lo que hacía, y había elevado a niveles de arte importante sus presentaciones. Su humor siempre fue amable, sin la crueldad que a veces incorporan los payasos y que incluso en ocasiones asustaban a los niños. Igualmente sus malabaristas, acróbatas y contorsionistas eran fuera de serie y siempre los acompañaba música de distinción.

Su alta calidad está reflejada en el hecho de que uno de sus directores escénicos habituales era Robert Lepage, gran hombre de teatro canadiense, famoso además por haber montado una tetralogía wagneriana en el Metropolitan y que fuera de eso iba a ser uno de los visitantes a nuestra ciudad en la temporada que destruyó la pandemia que azota al mundo.

Dicen que el cierre del Circo del Sol ha implicado el despido de más de tres mil personas (esta cifra atestigua la magnitud que representaba la organización) y esta es otra lamentable consecuencia de la posible desaparición permanente de una de las más importantes organizaciones de espectáculos de nuestros tiempos.

La otra noticia reciente es la muerte, a pocos años de cumplir un siglo, del ilustre actor, director, humorista y gran hombre de cine Carl Reiner, uno de los más originales talentos en el mundo del humor. Inició algunos importantes programas televisivos, dirigió películas notables y fue actor y humorista de merecido éxito.

Una de sus películas, llamada Enter laughing, es considerada una pequeña obra maestra, y es curioso que nunca haya aparecido en discos de DVD, aunque sí existió en la época de las cintas. Fue compañero de comedia del gran Mel Brooks, con quien hizo una serie de creaciones, en especial una sátira sobre un hombre de 2.000 años, que recordaba los más notables hechos históricos a través de un prisma de ironía. Su hijo, Rob Reiner, es igualmente ilustre director de cine y seguramente continuará en la gran tradición de su padre.

Aparentemente lo que nos está dejando el problema sanitario que nos afecta son una serie de malas noticias, como las que se comentan hoy y que hacen pensar que el mundo de la cultura es una de las mayores víctimas de lo que está sucediendo.

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